El objeto de este entrada podía ser una más de la serie de Madrid Preelectoral, contando las nuevas propuestas de peatonalización de la Gran Vía y recuperación del tranvía que propone el candidato socialista a la Alcaldía, la inauguración de más de dos kilómetros de túnel de la nueva M-30 o lo que parece la solución definitiva a los líos con los candidatos de IU. También, el tema que proponemos, podría ser objeto de una entrada en Destripando Terrones, pero tampoco será la ocasión. Y es que hoy dedicaré algunas líneas a la desaparición del Cine Avenida, situado en la calle Gran Vía de Madrid, aprobada esta mañana por el Ayuntamiento con lo votos del PP y la oposición del PSOE e IU. A la desaparición de este espacio, que no es el primero en cerrar sus puertas, le siguen la desaparición de la mítica sala de fiestas Pasapoga (mítica de otra época, que en los últimos tiempos…) de la que mantendrán el rótulo de la entrada y el Cine Palacio de la Música.Los motivos que presenta el cine para su cierre y reconversión en un centro comercial se pueden resumir en uno: no hay espectadores y, por tanto, se pierde dinero. Es decir, que tener un cine en el centro de Madrid ya no es rentable. Y no lo es porque la gente se baja las películas de Internet, encuentra nuevos modos de divertirse, prefiere tomarse una copa con lo que cuesta una entrada, etc. Sin dudar de la veracidad de todas estas razones, me parece extraño, muy extraño, que cuando el Ayuntamiento de Madrid dice, y muy acertadamente, que desea convertir la Gran Vía en una especie de Broadway, plagada de teatros y con ese aire que envuelve la calle neoyorkina, apruebe la reconversión de un cine en centro comercial. En honor a la verdad diremos que los arquitectos alegan que no es posible trasformar la estructura del Avenida en un teatro. Como uno no es arquitecto no lo queda otro remedio que tomar la palabra a estos
profesionales, aún cuando en el Avenida se han representado multitud de obras tiempo atrás. Aún así, hubiese sido deseable que estos espacios siguiesen la senda de, por ejemplo, el Lope de Vega, ahora teatro con enorme rentabilidad. Claro que al precio al que está el suelo...La importancia histórica del edificio, de 1928, se conservará, al igual que el resto, respetando las fachadas, las entradas, ornamentación… motivos que pueden parecer más que suficientes pero que, a mi juicio, no lo son. Más que nada porque Madrid debería preguntarse qué tipo de ciudad quiere ser. Aún sin respuesta, volveré a recordar una buena medida que el Ayuntamiento aprobó en este sentido. La eliminación de todo tipo de luminosos y anuncios de las calles principales de Madrid, especialmente de aquellas que estuviesen colgados de edificios de carácter histórico como lo son los de la Gran Vía. Calle en la que sólo quedarían colgados los míticos carteles que anuncian las películas y obras de teatros que se representan, pintados a manos, de tradición española y casi únicos en el mundo (por cierto, otro sector amenazado con el cierre). La intención consistía en evitar que estas calles pobladas de anuncios de academias, hostales, restaurantes, asesorías, notarías… se convirtiesen en un Tokio v.2.0. Y en lugar de recortar ese carácter mercantilista, que no comercial, de la calle, se aprueba un nuevo centro comercial. Centro que evidentemente se han rifado las grandes marcas, y más si tenemos en cuenta que los cines se encuentran a dos pasos de la calle Preciados, la más comercial y transitada de España.
Una nueva oportunidad perdida para dar un paso más allá de lo previsible y apostar por algo diferente. Porque aunque imagino que el éxodo de los ciudadanos a esos centros comerciales de
las afueras con tiendas, restaurantes, cines, bares… es común en todas las ciudades (de ello podrán dar cuenta los lectores de este blog), no tiene porque ser obligada la defenestración de estos espacios. Entre otras cosas porque la pérdida de espectadores responde a muchas causas. Además de la apertura de los nuevos espacio de lobotomización consumista en la periferia urbana, los distribuidores se quejan del perjuicio que la piratería infringe sobre las pobres taquilleras (y taquilleros, no seamos sexistas). [Cuestión esta que podría ser tratada con mucha más extensión, pero los espumarajos que saldrían de mi boca al hablar de ello y la SGAE (inevitablemente aparecería) me impedirían escribir con claridad, así que lo dejaremos para cuando el tratamiento empiece a hacer efecto.] El abaratamiento de la entrada con la penalización a las distribuidoras que siguen la misma lógica que las musicales y que no lleva a buen puerto ni por equivocación, podría ser una solución. Lógica que se resume en: si ganamos menos, subimos el precio y así compensamos. Pura acción empresarial o hara-kiri cultural. Juzguen ustedes mismos. Que a este paso los que deseamos ver cine en los centros de las ciudades, o lo más cerca posible de nuestros barios, nos veremos obligados a tirar de manta para no pasar frío en los parking de uno de esos malévolos centros comerciales donde uno nunca encuentra su coche y termina con la porno cutre del canal local. Etiquetas: actualidad, cine avenida, gran vía, Madrid








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