Antes de los Juegos Olímpico de Pekín, fueron cientos de miles los ciudadanos que se manifestaron a lo largo y ancho del planeta en protesta contra la represión que el Gobierno chino estaba ejerciendo contra los tibetanos. Una represión que causó más de una muerte y que acabó como suelen acabar estas cosas: en nada. Porque los Juegos arrancaron, las naciones del mundo miraron para otro lado al tiempo en el que reconocían el esfuerzo chino por abrirse al exterior, y todos pensaron en lo importante que es ese mercado y lo baratito que fabrican. Así, recogiendo el guante económico, se pasó la página y a otra cosa mariposa.El fenómeno tibetano, el de las protestas y las adhesiones a su causa, es un ejemplo paradigmático de lo que una buena causa, porque lo es, puede hacer por aniquilarse y aniquilar a otras. En primer lugar porque para tener una cierta repercusión mediática no hay como llamar a unos cuantos famosos para que te apoyen. Y claro, nadie tiene más famosos por metro cuadrado que Hollywood. Un método tremendamente efectivo y que funciona en todos los países del mundo por igual, o han olvidado que en España se convocó en una gala de premios del cine español una manifestación un mes de febrero en la víspera del inicio de la Guerra de Irak y que tuvo un enorme éxito. Mucho más efectivo, en lo que respecta a la inversión de recursos, este método si lo comparamos a las clásicas movilizaciones propias del “estilo movimiento obrero” de toda la vida de Dios, y en el que había que dar mucha guerra para lograr una manifestación medio decente.
Tal fue la presión que ejerció Hollywood en la causa del Tibet, que se le dijo a Spielberg, el primer director encargado de dirigir la filmación de la ceremonia de inauguración de Pekin 2008, que sería la Riefenstahl del siglo XXI, en clara alusión las dos películas sobre los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, “Olympia I y II”, que grabó la realizadora alemana (y que es la cosa más homoerótica que pudo verse en décadas). Finalmente, el director renunció al honor de pasar a la historia como el cinematógrafo de los chinos comunistas malos, y los grandes estudios lograron unos jugosos contratos de explotación de los medios en el mercado chino. Así, todo el mundo consiguió una parte del pastel.
Pero retornando al tema inicial, cuando se logra que los medios de comunicación dediquen ese pequeño espacio que reservan a noticias no deportivas, de sociedad o de sucesos, y lo dedican a estas cuestiones más humanitarias, se eliminan otras muchas. Es decir, que se fijen en la represión china en el Tibet provocó que la causa previa en la que había fijado su atención Hollywood, Darfur, pasase inadvertida (qué bonitos capítulos nos dedicaron en series como “Urgencias” al drama en Sudán). Y eso que el Gobierno chino es el protagonista de ambos. Pero en los titulares no caben demasiados datos. Y por eso, cuando el mundo proclamaba y de indignaba por la violencia ejercida contra los tibetanos, nadie se preguntaba cómo vivían los ciudadanos no tibetanos en China. Ni que decir tiene que nadie sabía qué era lo que pasaba en ese país con los musulmanes. Recuerdo caras de estupor: ¿musulmanes en China? Qué cosas! Pues eso, que la única represión religiosa en la China comunista parecía la tibetana.Quizás por ello a día de hoy, cuando la actividad política ha dado un pequeño bajón, los medios se llenan de noticias internacionales. Por supuesto, nada tendría hueco al margen del perrito de Obama (o el Gadget que venda la Casa Blanca en este momento) y la gripe del cerdo que nos va a matar a todos, pero como la pandemia se ha retrasado un cuarto de hora nos hemos puesto en plan humanitario. Y preocupados por ello, nos fijamos en la represión China, que siempre da bien a cámara. Al fin y al cabo hay dos malos universales por excelencia, los nazis y los comunistas. Así, de pronto y casi sin avisar, nos enteramos que los musulmanes son represaliados, que hay colonos chinos que se dedican a perseguirlos y que, por supuesto, hay intereses económicos en forma de preciadas materias energéticas. Todo un descubrimiento que había pasado hasta ahora inadvertido.
Claro es que, en unos días, a no ser que se complique en exceso, todo habrá quedado olvidado en la pila de los periódicos viejos. Y es que el Islam no tiene un buen publicista que le haga una campaña de promoción como Alá manda. No veo a los famosos de Hollywood manifestándose por las pobres víctimas uigures de la región de Xinjiang. Que aunque tengan los ojos rasgados, si rezan mirando a la Meca, es que son moros malos. Una cosa imperdonable en la resaca la Ley Patriota. Esa que todavía nadie ha derogado y que sigue en pleno funcionamiento. Así, parecerá que a nadie, al margen de lo que duré el interés mediático, le molesta demasiado el asunto. Al fin y al cabo, se pueden contar por decenas los focos de conflictos a lo largo y ancho del planeta que están viviendo una situación similar por cuestiones religiosas, étnicas, políticas, relacionadas con los recursos energéticos, etc. y que no figuran en la portada de ningún diario desde que se pasaron sus cinco minutos de gloria, si es que pudieron gozar de ellos. Por eso, quizás, los uigures son del todo afortunados, no por los palos chinos claro, sino por salir en primer time.
Decíamos al principio que este mismo procedimiento de promoción de una causa, como el caso tibetano, hacia que se aniquilase. Es decir, el doble filo de la navaja tiene un mecanismo de autodestrucción de lo más efectivo. Pues no hay nada peor que el olvido mediático. Mantener una constante en la atención pública hacia un determinado asunto resulta casi tan complicado como que un pez memorice un determinado patrón de conducta (algo en lo que los japoneses han avanzado mucho). Los medios quieren noticias frescas, por lo que los promotores de estas causas deben buscar nuevas vías para seguir concienciando (y socializando) a los ciudadanos sobre sus intereses. Nada mejor que la televisión o el cine. El entretenimiento, el vehículo ideal para la publicidad de cualquier cosa. Una herramienta cuyo índice de penetración siempre es relativo (más bien escaso) en la mayoría de estudios pero que, sin embargo, nadie desprecia a la hora de someter a la mente de los espectadores a complejos procesos de interiorización de conceptos. Claro que antes de nada, es necesario contar con el favor de la industria. Una amalgama de intereses que casi nunca tiene claro que es lo que quiere enseñar, pero siempre tiene muy claro que es lo que no quiere enseñar (sobre todo a quien no molestar). Por lo que resulta complicado que este tipo de causas traspase los filtros de los estudios. Sólo se me ocurren algunos casos muy concretos y repetitivos.Pasado el tiempo suficiente, en el que muchos famosos hacen gestos, en los que los deportistas enseñan señales secretas de protestas en caso de ganar una medalla, etc. la atención mediática se relaja y llega el olvido. No es que se haya solucionado satisfactoriamente nada, por supuesto que no, pero la hipermediatización es como el niño de la pupa.
Un niño se cae y llora. Se ha hecho una herida. Mientras llora la gente le presta atención. Cuando consiguen calmarle y deja de llorar desaparece la alarma. La gente piensa que ya se ha curado, aunque puede que su herida siga sangrando. Se olvida el asunto. Nada llama la atención de la gente.
Pues eso mismo. Cuando dejamos de escuchar noticias del Tibet, cae en el olvido la preocupación y tendemos a creer que ya no hay problema. De este modo, hace años que se solucionó el conflicto de Chechenia o, más recientemente, las revueltas en Irán (ejemplos dos de los muchos que podríamos citar). Por tanto, la construcción este tipo de problemas mediáticos tienen una duración menos prolongada que el problema real. Casi se podría decir que los uigures son afortunados de no recibir la suficiente atención mediática. Al menos así nadie creerá que ya se ha solucionado su problema.
Etiquetas: hipermeditazación, medios de comunicación











![Validate my RSS feed [Valid RSS]](http://i84.photobucket.com/albums/k20/ottinger_2006/valid-rss.png)
![Validate my Atom 1.0 feed [Valid Atom 1.0]](http://i84.photobucket.com/albums/k20/ottinger_2006/valid-atom.png)











