12 julio, 2009
La fortuna china y el niño de la pupa
Antes de los Juegos Olímpico de Pekín, fueron cientos de miles los ciudadanos que se manifestaron a lo largo y ancho del planeta en protesta contra la represión que el Gobierno chino estaba ejerciendo contra los tibetanos. Una represión que causó más de una muerte y que acabó como suelen acabar estas cosas: en nada. Porque los Juegos arrancaron, las naciones del mundo miraron para otro lado al tiempo en el que reconocían el esfuerzo chino por abrirse al exterior, y todos pensaron en lo importante que es ese mercado y lo baratito que fabrican. Así, recogiendo el guante económico, se pasó la página y a otra cosa mariposa.

El fenómeno tibetano, el de las protestas y las adhesiones a su causa, es un ejemplo paradigmático de lo que una buena causa, porque lo es, puede hacer por aniquilarse y aniquilar a otras. En primer lugar porque para tener una cierta repercusión mediática no hay como llamar a unos cuantos famosos para que te apoyen. Y claro, nadie tiene más famosos por metro cuadrado que Hollywood. Un método tremendamente efectivo y que funciona en todos los países del mundo por igual, o han olvidado que en España se convocó en una gala de premios del cine español una manifestación un mes de febrero en la víspera del inicio de la Guerra de Irak y que tuvo un enorme éxito. Mucho más efectivo, en lo que respecta a la inversión de recursos, este método si lo comparamos a las clásicas movilizaciones propias del “estilo movimiento obrero” de toda la vida de Dios, y en el que había que dar mucha guerra para lograr una manifestación medio decente.

Tal fue la presión que ejerció Hollywood en la causa del Tibet, que se le dijo a Spielberg, el primer director encargado de dirigir la filmación de la ceremonia de inauguración de Pekin 2008, que sería la Riefenstahl del siglo XXI, en clara alusión las dos películas sobre los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, “Olympia I y II”, que grabó la realizadora alemana (y que es la cosa más homoerótica que pudo verse en décadas). Finalmente, el director renunció al honor de pasar a la historia como el cinematógrafo de los chinos comunistas malos, y los grandes estudios lograron unos jugosos contratos de explotación de los medios en el mercado chino. Así, todo el mundo consiguió una parte del pastel.

Pero retornando al tema inicial, cuando se logra que los medios de comunicación dediquen ese pequeño espacio que reservan a noticias no deportivas, de sociedad o de sucesos, y lo dedican a estas cuestiones más humanitarias, se eliminan otras muchas. Es decir, que se fijen en la represión china en el Tibet provocó que la causa previa en la que había fijado su atención Hollywood, Darfur, pasase inadvertida (qué bonitos capítulos nos dedicaron en series como “Urgencias” al drama en Sudán). Y eso que el Gobierno chino es el protagonista de ambos. Pero en los titulares no caben demasiados datos. Y por eso, cuando el mundo proclamaba y de indignaba por la violencia ejercida contra los tibetanos, nadie se preguntaba cómo vivían los ciudadanos no tibetanos en China. Ni que decir tiene que nadie sabía qué era lo que pasaba en ese país con los musulmanes. Recuerdo caras de estupor: ¿musulmanes en China? Qué cosas! Pues eso, que la única represión religiosa en la China comunista parecía la tibetana.

Quizás por ello a día de hoy, cuando la actividad política ha dado un pequeño bajón, los medios se llenan de noticias internacionales. Por supuesto, nada tendría hueco al margen del perrito de Obama (o el Gadget que venda la Casa Blanca en este momento) y la gripe del cerdo que nos va a matar a todos, pero como la pandemia se ha retrasado un cuarto de hora nos hemos puesto en plan humanitario. Y preocupados por ello, nos fijamos en la represión China, que siempre da bien a cámara. Al fin y al cabo hay dos malos universales por excelencia, los nazis y los comunistas. Así, de pronto y casi sin avisar, nos enteramos que los musulmanes son represaliados, que hay colonos chinos que se dedican a perseguirlos y que, por supuesto, hay intereses económicos en forma de preciadas materias energéticas. Todo un descubrimiento que había pasado hasta ahora inadvertido.

Claro es que, en unos días, a no ser que se complique en exceso, todo habrá quedado olvidado en la pila de los periódicos viejos. Y es que el Islam no tiene un buen publicista que le haga una campaña de promoción como Alá manda. No veo a los famosos de Hollywood manifestándose por las pobres víctimas uigures de la región de Xinjiang. Que aunque tengan los ojos rasgados, si rezan mirando a la Meca, es que son moros malos. Una cosa imperdonable en la resaca la Ley Patriota. Esa que todavía nadie ha derogado y que sigue en pleno funcionamiento. Así, parecerá que a nadie, al margen de lo que duré el interés mediático, le molesta demasiado el asunto. Al fin y al cabo, se pueden contar por decenas los focos de conflictos a lo largo y ancho del planeta que están viviendo una situación similar por cuestiones religiosas, étnicas, políticas, relacionadas con los recursos energéticos, etc. y que no figuran en la portada de ningún diario desde que se pasaron sus cinco minutos de gloria, si es que pudieron gozar de ellos. Por eso, quizás, los uigures son del todo afortunados, no por los palos chinos claro, sino por salir en primer time.

Decíamos al principio que este mismo procedimiento de promoción de una causa, como el caso tibetano, hacia que se aniquilase. Es decir, el doble filo de la navaja tiene un mecanismo de autodestrucción de lo más efectivo. Pues no hay nada peor que el olvido mediático. Mantener una constante en la atención pública hacia un determinado asunto resulta casi tan complicado como que un pez memorice un determinado patrón de conducta (algo en lo que los japoneses han avanzado mucho). Los medios quieren noticias frescas, por lo que los promotores de estas causas deben buscar nuevas vías para seguir concienciando (y socializando) a los ciudadanos sobre sus intereses. Nada mejor que la televisión o el cine. El entretenimiento, el vehículo ideal para la publicidad de cualquier cosa. Una herramienta cuyo índice de penetración siempre es relativo (más bien escaso) en la mayoría de estudios pero que, sin embargo, nadie desprecia a la hora de someter a la mente de los espectadores a complejos procesos de interiorización de conceptos. Claro que antes de nada, es necesario contar con el favor de la industria. Una amalgama de intereses que casi nunca tiene claro que es lo que quiere enseñar, pero siempre tiene muy claro que es lo que no quiere enseñar (sobre todo a quien no molestar). Por lo que resulta complicado que este tipo de causas traspase los filtros de los estudios. Sólo se me ocurren algunos casos muy concretos y repetitivos.

Pasado el tiempo suficiente, en el que muchos famosos hacen gestos, en los que los deportistas enseñan señales secretas de protestas en caso de ganar una medalla, etc. la atención mediática se relaja y llega el olvido. No es que se haya solucionado satisfactoriamente nada, por supuesto que no, pero la hipermediatización es como el niño de la pupa.

Un niño se cae y llora. Se ha hecho una herida. Mientras llora la gente le presta atención. Cuando consiguen calmarle y deja de llorar desaparece la alarma. La gente piensa que ya se ha curado, aunque puede que su herida siga sangrando. Se olvida el asunto. Nada llama la atención de la gente.

Pues eso mismo. Cuando dejamos de escuchar noticias del Tibet, cae en el olvido la preocupación y tendemos a creer que ya no hay problema. De este modo, hace años que se solucionó el conflicto de Chechenia o, más recientemente, las revueltas en Irán (ejemplos dos de los muchos que podríamos citar). Por tanto, la construcción este tipo de problemas mediáticos tienen una duración menos prolongada que el problema real. Casi se podría decir que los uigures son afortunados de no recibir la suficiente atención mediática. Al menos así nadie creerá que ya se ha solucionado su problema.

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07 julio, 2009
Pensamientos profundos
Si recibir como regalo un par de trajes y unos zapatos puede ser considerado como un delito de cohecho, ¿cómo se le llama a que un grupo de empresarios te regale cada par de años un yate valorado en unos cuantos millones de euros (y que, eso sí, se inscriba en Patrimonio Nacional para que su mantenimiento lo pague el Estado)?

Rita The Singer, preguntas difíciles.

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30 junio, 2009
Pensamientos profundos
¿Por qué cada vez que los militares dan un golpe es para restituir la legalidad vigente?

Rita The Singer, memoria viva de nuestra España.

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14 junio, 2009
Las campañas civiles estadounidenses, NIMBY
Ya comentamos en este blog, y en algún otro lugar, que Obama había realizado un buen número de promesas difícilmente alcanzables. Pese a la buena voluntad del candidato, en la política, el pragmatismo se termina imponiendo. Aunque podríamos citar ejemplos en los que esto es bueno, cuando una de las promesas electorales más fuertes (que por cierto, lo era de los dos candidatos) es tan acertada como el cierre de Guantánamo, resulta lamentable. Pero, y sin ánimo de ser repetitivo, una cosa es ser candidato y otra ser el Presidente del Gobierno de los Estados Unidos. Algo que no han parado de recordarle a Barack Obama desde que llegó al poder hace unos pocos meses. Sobre todo cuando se trata de Política Exterior.

Aún con medidas más o menos acertadas, especialmente en lo relativo a las encaminadas a evitar el hundimiento de las grandes empresas estadounidenses con planes de salvamento poco ortodoxos, y con medidas ciertamente erráticas, como la de no dejar de hinchar el mercado a base de transferencias de capital, sin duda es en la Política Exterior en la que el Presidente de los EEUU se encuentra más prisionero o, si quieren decirlo de otra manera, con menor margen de maniobra. Por mucho que canten la excelencia de su intento de reconciliación con el Islam en la ya famosa conferencia de El Cairo, algo que ya hicieron sus antecesores con pocos o ningún resultado real debido a la falta de concreción, o la puesta en funcionamiento de una nueva estrategia con Cuba, lo cierto es que los Estados Unidos pueden cambiar muy poco en su configuración por tener un sistema de intereses fuertemente implantado.

Obama, tras su triunfal elección, debería haber tenido, a priori, un fácil escenario para que su primera medida, declarar el cierre de Guantánamo, se hubiese culminado sin demasiados problemas. Sin embargo, tras la firma llegaron los primeros problemas, hasta el punto que no se ha podido continuar con el desmontaje. El primero de ellos derivados de la propia definición del estatus de los prisioneros. Capturados sin ningún tipo de garantías, violando la legalidad internacional de las maneras más flagrantes posibles, Bush se hizo con un buen número de prisioneros a los que no otorgó un estatus legal al uso. Esto hace que ahora, que se desea desmontar la prisión, no se sepa qué hacer con los mismos.

De momento, son dos las opciones que se manejan. La primera es enviar a los presos a otros países, aliados, principalmente europeos, para que se les juzgue, o algo parecido. Sin embargo, esta opción, aunque con la predisposición de algunos países, es poco viable si se quiere dar algún tipo de garantía legal al asunto ya que cualquier confesión o declaración inculpatoria (en principio sólo acogerían a este tipo de presos) no tiene ninguna validez al haberse obtenido en condiciones de tortura, o al menos, de detención ilegal. Es decir, que está complicada la cosa para que esta vía termine por consolidarse, aunque no la descarten del todo, que a servilismo, a Europa, no le gana nadie.

La segunda vía que está dispuesto a intentar Obama es la más lógica, aparentemente, pero la que, por el contrario, presenta las mayores dificultades. Y no es otra que la de llevar a los presos a territorio estadounidense para que sean allí juzgados. Esta sería, sin lugar a dudas, la mejor de las salidas, siempre que se les concediera un estatus de prisioneros a los presos, ya que éstos se verían de la noche a la mañana con algo de lo que carecen hasta ahora, los mínimos derechos. Como decimos, la mejor salida que podría tener pero tampoco iba a ser así de fácil.

Empezábamos esta entrada afirmando que el Presidente de los EEUU no es dueño de todos sus actos, en realidad de casi ninguno, por eso el Congreso ya se ha mostrado disconforme con esta propuesta. La Cámara, que en la actualidad tiene mayoría demócrata, al igual que el Senado, ha presentado diversas objeciones al plan de desmontaje de Obama argumentado que no existe un plan claro del proceso. Principalmente en el capítulo económico. Y es que el dinero ha sido la excusa buscado por los congresistas para poner los primeros peros a la intención de Obama. Un intento de paralizar el proceso y ganar algo de tiempo en busca de lo que verdaderamente se está intentando conseguir, el rechazo mayoritario de la población.

Pocos son los que me creían cuando decía que Guantánamo era Guantánamo porque estaba en Guantánamo. Si esta prisión hubiese estado en suelo continental estadounidense, en lugar de en esa especie de limbo judicial, los ciudadanos estadounidenses, quizás no en un primer momento, pero si a lo largo del tiempo, hubiesen mostrado su opinión en contra en una de las habituales batallas por los derechos civiles que se han vivido en este país en toda su historia. Aunque parezca increíble, creo que estaba en lo cierto, pese a que ahora la población se muestre dividida respecto a este problema. Aún continuando mayoritariamente en línea de Obama de poner punto y final, lo cierto es que los estadounidenses no quieren que los presos acaben en prisiones en suelos continental. Algo previsible desde el buenismo, pero que encuentra en la realidad, me temo, una respuesta basada no en la búsqueda de una solución sino dentro del modelo socializado de miedo en el cuerpo que se ocupó de extender Bush y del mirar para otro lado.

Los politólogos (bonita profesión) estadounidenses ya le han puesto nombre a este fenómeno de rechazo de sus conciudadanos. Esto de no aceptar las consecuencias de su Gobierno, y no verlo al lado de sus casas (aunque uno no tenga una prisión en el barrio), ha sido denominado como el “not in my backyard” (NIMBY), es decir, “no en mi patio trasero”. Una especie de vuelta de tuerca o revisión a esta expresión que tanto se empleó en Centroeuropa tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y en virtud de la cual los ciudadanos alemanes afirmaban no saber muy qué es lo que pasaba en la Alemania nazi. Una especie de catarsis mental, e incluso política, por la que los ciudadanos se mostraban disconformes con lo que había sucedido pero sin querer asumir las consecuencias que de ello pudiera derivarse.

Antaño, Estados Unidos fue famoso por los movimientos civiles. Unos ciudadanos que se organizaban por la lucha de los derechos civiles, con distintos resultados, pero que en la actualidad se organizan para evidenciar una reforzamiento del individualismo que se acompaña de una inhibición total de las responsabilidades de haber elegido a un Presidente que optó por la creación de Guantánamo. Así, y con el miedo en el cuerpo que están fomentado los republicanos, que han visto una buena oportunidad para herir a un Obama cuya popularidad empieza a descender, los estadounidenses se niegan a recibir presos por el temor a ser víctimas de atentados, las amenazas que pudieran derivarse o, simplemente, por la falta de coherencia con el primer anuncio de Obama de acabar con la prisión. Un movimiento ciudadano, el NIMBY, que arrancó tiempo atrás con acciones tan diversas como el rechazo a plantas de depuración, centros de desintoxicación, etc. Un respuesta a un daño o amenaza que se percibe como real. Así, la sociedad civil se organiza pasivamente en este NIMBY para rechazar el impulso de cambio que decidieron hace sólo unos pocos meses. El aumento de los derechos de estos presos percibido como un riesgo. La muerte de la sociedad civil estadounidense (o la nueva constacia del hecho). De este modo, a Obama se le presenta su primera dificultad real de cara a la opinión pública y los republicanos explotarán al máximo esta vía. Mucho más cuando han alcanzado, conjuntamente con los demócratas, un acuerdo de mínimos para iniciar, a finales de septiembre de este año, los primeros traslados. Es decir, que por un lado fomentan el rechazo ciudadano al traslado y por el otro aprueban el traslado mismo.

Y con todos estos elementos, estamos ante la primera prueba real que nos dirá en qué momento de cambio se encuentra la sociedad estadounidense. Una sociedad que nos vendió su cansancio de la era Bush y que deseaba buscar un nuevo rumbo de la mano de un candidato, hoy Presidente, revolucionario. Si los ciudadanos continúan rechazando el plan de Obama, y la cosa va a más, se demostrará, me temo, que pocas cosas han cambiado en los Estados Unidos. Los años de socialización que han hecho creer a los estadounidenses que son los policías del mundo, y que todo el mundo intenta agredir su modelo de vida, inició su construcción décadas atrás, terminando por arrasar con casi cualquier movimiento civil dejando como resultado una sociedad absolutamente dirigible (supongo que casi como cualquier otra). Punto este que se convierte en el verdadero reto de los demócratas aunque, con toda probabilidad, en lugar de luchar por la reactivación de esta sociedad, algo que sí pretendieron los hermanos Kennedy en su momento, y de los que Obama se ha querido hacer herederos, la lucha se establecerá por el dominio de los mecanismos de control que dirige a la sociedad estadounidense. Otra oportunidad perdida.

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09 junio, 2009
Moción y confianza
El sistema institucional español tiene por norma garantizar al máximo su propia estabilidad. Por ello no puede ser de extrañar que existan dos procesos diferenciados para asegurar la estabilidad del Gobierno. Por un lado tenemos la famosa moción de censura que tanto anima el PSOE al PP a presentar. En el caso de nuestra Constitución se trata de su vertiente constructiva, es decir, se debe presentar un candidato a la Presidencia del Gobierno que ocupará la Jefatura del Ejecutivo en caso de prosperar. Esta fórmula, como decimos, es en pro de garantizar la estabilidad del sistema, pues al quitar a un Presidente y elegir a otro no se hace necesaria la convocatoria de nuevas elecciones. No olviden ustedes que en España las Generales, formalmente, no eligen al Presidente, sino a la Cámara parlamentaria que lo nombrará. Asimismo, no podemos pasar por alto que una moción de censura debe presentarse por un grupo de parlamentarios, firmando la propuesta y presentando al candidato y que se debatirá en un pleno monográfico en el que el “candidato” en el que expondrá su programa de Gobierno y no una critica al vigente Presidente.

En segundo lugar tenemos la cuestión de confianza. Una fórmula parlamentaria en la que el Presidente del Gobierno pide la confianza de la Cámara por propia voluntad y, siempre, para escenificar la presencia de una mayoría sólida que le permita el ejercicio del poder. Un mecanismo que no tiene consecuencias formales en caso de no prosperar el apoyo, pues el Presidente no estaría obligado a dimitir. Aunque, qué duda cabe, en caso de perder una cuestión de confianza el Presidente evidenciaría la falta de apoyos parlamentarios y, por tanto, su incapacidad para llevar leyes adelante. Forzándose, casi de esta manera, una dimisión.

Tanto en un caso como en otro, la experiencia española es más bien escasa y llena de trampas. Son dos los casos en los que se ha presentado una moción o una cuestión, y con carácter muy divergente. La primera vez que tuvo lugar una moción fue en 1980, durante la última Legislatura de un Suárez cuyo Gobierno y partido se encontraban en plena descomposición. Conocedor de esto, Felipe González no dudó en presentar una moción a sabiendas de que el resultado sería negativo. No fue su intención la de ganarla sino la de presentarse como alternativa de Gobierno. La de presentar a la sociedad su programa de Gobierno. Aunque Suárez ganó la moción con poco esfuerzo, quedó muy tocado, tanto que se vio obligado, ese mismo año, a presentar una cuestión de confianza, que también ganaría, para demostrar que controlaba el Parlamento y que no tendría dificultades para seguir gobernando. Una imagen poco creíble que dio al traste con su dimisión sólo unos meses después. El daño que Felipe González buscaba con la moción fue preciso y efectivo. Muchos eran los españoles que se preguntaban si un joven González (más viniendo de un partido de izquierdas en la España de la Transición) sería capaz de gobernar España. Con este medio demostró que sí, y accedió al poder en el año 1982.

La segunda experiencia de moción tenemos que buscarla en 1987, con el popular Herrero de Miñón. Un político un tanto gris que acababa de ser elegido por la antigua AP para encabezar la lista electoral. Siendo senador no tenía acceso al Congreso, verdadero centro del poder político, por lo que no podía participar del debate parlamentario. Lo que hacia que la mayoría de los españoles tuviesen un enorme desconocimiento del candidato popular. Para contrarrestar esto, Herrero de Miñón presentó una moción de censura precipitada contra un González que tenía una cómoda mayoría. Por lo tanto, y al igual que hiciera el socialista en su momento, el popular deseaba presentarse ante la sociedad española, aún sabiendo que perdería la moción. Una estrategia que sí le funcionó a González, que vio maduro el momento, pero que fue un desastre para un Herrero que no pudo completar ni un ciclo al frente de su partido.

Ya más adelante, el año 1990, un Felipe González con una mayoría cómoda en la Cámara, se vio obligado a presentar una cuestión de confianza. Acosado por algunos casos de corrupción, y con algunas críticas dentro de su Grupo, pidió el respaldo a la Cámara, no para su Gobierno, sino para él mismo. Desvinculándose de la posible crisis de legitimidad o los escándalos. Una estrategia que le dio buen resultado y le permitió maniobrar sobre su propio electorado en el fomento de la imagen de limpieza del Presidente respecto a los miembros de su Gobierno.

En la actualidad, y tras el triunfo del Partido Popular en las Europeas, se vuelve, una vez más, a la idea de plantear una cuestión de confianza o una moción de censura. Como el resultado, pese a la crisis, ha sido más ajustado de lo previsto, o dicho de otra manera, el PP no ha arrasado como quizás debería, no cabe otra que el tiro la piedra y escondo la mano. Por su parte, el PP anima al Presidente a pedir una cuestión de confianza. Conocedor de los pocos apoyos parlamentarios que tiene el PSOE en la actualidad sabe que el resultado, con gran probabilidad (y antes de las pertinentes negociaciones entre Grupos de las que podría salir cualquier cosa) será negativo. Quedando, no sólo la imagen de un Gobierno que no puede aprobar leyes, sino la de un Presidente que no tiene el respaldo de la Cámara que lo eligió hace sólo un año. Obligándole a una segura dimisión.

Por su parte, el PSOE va a lo seguro y anima al PP a que presente una moción de censura. Son muchos los Grupos parlamentarios que no prestan su apoyo al Gobierno, pero de ahí a que apoyen al PP en una moción hay una distancia insalvable. Por ello, sabedores de que Rajoy no triunfaría si presentase la moción, animan y animan al responsable popular. Sin embargo, y pese a que hemos explicado que este instrumento, la moción, en el caso español, no se presenta para ganar, pues es algo que se tiene claro antes de presentarse, sino para dar a conocer el programa y que ya se está maduro para acceder al Gobierno, el PP no puede perder una vez más con Zapatero. Por muy útil que pueda resultarle a los populares presentar a los españoles su programa de Gobierno, hacerles ver que Rajoy es confiable para acceder al cargo (algo imprescindible), Rajoy ya ha perdido dos veces contra ZP y no puede volver a perder. Más cuando, y pese a la crisis, sigue a remolque del socialista en la opinión ciudadana. Por tanto, cabe esperar que los dos partidos sigan jugando a la provocación en medio de este viaje a ninguna parte de la situación política actual.

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05 junio, 2009
El interrogatorio
- Llego tarde.
- ¿Dónde llega tarde? – preguntó el policía con auténtico rigor inquisitivo.
- A mi muerte.
- Creí que sería algo importante.
- Sí. En realidad no lo es, pero lo vas dejando y al final, por unas cosas y por otras, no llegas y claro, digo yo que la muerte también tendrá unos horarios.

[Leer completo en Desperté a su lado]

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02 junio, 2009
Cutrelux publicitario en tiempos de crisis
En tiempos de crisis el ahorro aumenta y el consumo cae. Algo que afecta y mucho a la economía al descender el ahorro total, que depende del consumo total. Algo un tanto enrevesado y difícil de entender. Este fenómeno se conoce como “la paradoja del ahorro” y es uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan en la actualidad las marcas comerciales.

Para hacer frente a este problema, los creativos han decidido cambiar la orientación de sus campañas publicitarias. Al disponer de menos medios económicos, las empresas aprietan y los publicistas lo impregnan todo de un cierto aire de película de serie B. En lugar de hacer de la necesidad virtud, y afinar su creatividad sacando oro a anuncios sencillos, se impone el cutrelux.


Lejos de caer las ventas, este tipo de anuncios, que los grandes publicistas odian porque ellos se dedican a montar spots con grandes contenidos, fotografía cuidada, la música en el tono correcto, etc., éstos de aparente baja calidad son de lo más efectivo. A la hora de la verdad, un anuncio de este tipo vende tanto como el más cuidado de los trabajos. Si bien es cierto que muchos de ellos no pasarán a la historia, no podemos olvidarnos que nos aprendemos sus canciones y sus mejores frases. Quizás por ello las marcas apuesten cada vez más por este tipo de estética y contenidos.

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22 mayo, 2009
El dóberman se pasea por las Europeas

Y la campaña europea empezó y lo hizo en todo su esplendor. A nadie parece importarle mucho lo que se trata en las mismas, pero el primer pollo ya ha saltado a la palestra. Quizás esto de montar pollos sea la única manera de acaparar la atención de los electores. Así, tenemos, para abrir boca, uno de los videos electorales del PSOE (sobre estas líneas) en el que se dibuja un perfil sociodemográfico de los votantes o dirigente del PP. Cercanos (o desde) al fascismo, con la omnipresencia de la Iglesia, el racismo, el clasismo… se toma la estrategia de las viejas campañas negativas para movilizar votos.

A pesar de las encuestas favorables del CIS, que le dan un empate al PSOE y al PP (quedando por encima el PSOE), lo cierto es que las encuestas internas de los partidos hablan de un derrota socialista en las próximas elecciones. Algo que preocupa, como es lógico, al partido en el Gobierno que se ve obligado a realizar un esfuerzo para evitar mostrar una imagen de debilidad en tiempos de crisis. Mucho más si el PP presenta estas elecciones en clave de referéndum a la acción de Gobierno de Rodríguez Zapatero y pasa olímpicamente de las cuestiones que se dirimen en el Parlamento europeo.

Es por ello que, con la tradicional tendencia a la abstención de la izquierda, el PSOE se ha visto obligado a presentar una estrategia de movilización de su base electoral. Y qué mejor que recurrir a la vieja estrategia de la publicidad negativa. Algo que le ha dado a este partido diferentes resultados pues, por ejemplo, el famoso dóberman se llenó de polémica pero no de votos. Sin embargo, el lema de campaña empleado en Cataluña en las pasadas Generales, “si tú no votas, ellos vuelven”, muy en la línea de este último anuncio, obtuvo un excelente rendimiento electoral. Por tanto, de difícil pronóstico el rendimiento de este tipo de herramientas.

Pero los socialistas no son los únicos que se han rescatado el dóberman. Los populares también han decidido rescatarlo para contraatacar al PSOE en un video (abajo) en el que, recordándole su vieja estrategia, intentan aparecer con un corte positivo: en lugar de criticar y malmeter, el PP busca soluciones (y de paso enlaza con el lema de campaña: “Ahora”). Una resurrección, la de los perros, que no se sabe qué efecto causará. De momento el PP parece que ha reaccionado rápido y bien con un video que es un tanto cutre pero que cumple sobradamente con el mensaje que desea enviarse a los votantes populares. Exactamente igual que el video del PSOE. Pura galvanización todo. Así, de esta manera, parece claro que la única forma que han encontrado los partidos para movilizar a los ciudadanos en unas elecciones europeas es el establecimiento del clásico enfrentamiento ideológico en clave nacional.

Luego se preguntarán por qué la gente se queda en casa viendo la Fórmula 1 en lugar de ir a las urnas.

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16 mayo, 2009
Corta, mejora y emite
Siempre me ha interesado sobremanera el simbolismo interviniente en la construcción de realidades. Para muchos, que la nación pueda ser una de esas realidades puede sonarles a ciencia ficción. Sin embargo, aunque no es palpable, la nación, efectivamente no existe como algo corpóreo, puede ser, para otros tantos, una realidad. Algo que impregna, justifica, (incluso) objetiviza, determina, lidera procesos de cambio… un concepto que, en suma, en numerosas ocasiones, más que un fin en sí mismo, se constituye en un medio para alcanzar un objetivo (o, en sentido negativo, para que no se cumpla un objetivo). Por tanto, el manejo de estos símbolos, como instrumento de construcción, tiene una importancia vital en la categorización de conceptos o la creación de mitos históricos (o, también, en carácter negativos, demonios históricos).

En la pasada noche del miércoles vivimos algo previsible, nada original y, sin embargo, con unos matices que se califican de sorprendentes. Por supuesto nos referimos a la polémica suscitada en el partido Athletic de Bilbao – Barcelona. A nadie le sorprende que el cocktail vasco-catalán jugando la Copa del Rey iba a traer cola. Las dos Comunidades Autónomas con mayor carga de nacionalismo e independentismo se veían, vía muestra representativa en sus aficiones, cara a cara en un escenario en el que se disputaba la final de la Copa del Jefe del Estado (centralista) que, para más INRI para los catalanes, es el descendiente legítimo (designado por Dios) de aquél que acabó con el amago secesionista de 1714. Más interesante aún cuando la formula del protocolo de este tipo de actos exige que, ante la inminente entrada del Jefe del Estado en el lugar de honor que ocupará, debe sonar el himno nacional. Una ocasión estupenda para protestar “contra el enemigo” y manifestar una opinión política a modo de silbido en lo que, quizás, debería haberse conocido como la final de la Copa Colonizadores. Así, todos los elementos indicaban que algo tenía que pasar y como ya sucediera en la final del año 1984, con idénticos protagonistas, se optó por el boicot a otros símbolos como elemento de reclamación de los propios. Algo tampoco muy original, pues la negación o búsqueda de la diferencia con el otro es un instrumento habitual de la identificación y reafirmación del propio yo. Nada nuevo, insisto.

Y así, la función, siguió su guión: los jugadores se alinearon en el campo, los monarcas entraron en el palco, en la megafonía de Mestalla sonó a “volumen mascletá” la Marcha real (el himno español), ambas aficiones pitando y… TVE pasando la conexión a San Mamés para ver como de animados estaban. Así, de esta manera, no se pudo ver en directo el ya célebre boicot.

Más allá de la polémica de si esto es fruto de la España plurinacional de Zapatero, de si es la derivada de los desequilibrios territoriales, de si supone una manipulación de los independentistas para hacerse notar… tendríamos que entrar a valorar sí es o no un error humano el que llevó al cambio de conexión durante la retransmisión. De momento el muerto ya lo está pagando alguien: el responsable de Deportes de la Corporación pública ya ha sido cesado. Sin embargo, si seguimos la polémica cabría preguntarse si ésta es justa o no lo es. En otras palabras, la censura fue un error humano o se debe a la habitual estrategia de protección a la figura del Monarca.

Por muy interpretable que pueda ser, en caso de tratarse de un error humano, más que pedir disculpas (el responsable) por lo darse cuenta y pinchar otra cámara, lo que debería hacer es pedir perdón por ser un profesional de mierda. Cualquiera con una mínima experiencia en la retransmisión de este tipo de acontecimientos deportivos conoce de sobra el ceremonial, y sabe que cuando los jugadores se han alineado y puesto en posición de honor, es que el “tinglado” va a comenzar. Dicho esto, el segundo argumento que aboga por la confirmación de la no muy buena fe en el mencionado error es la repetición manipuladísima, antes del comienzo de la segunda parte, que TVE coló al tiempo en el que no paraba de disculparse. En la repetición, que también podríamos llamar versión oficial del suceso, planos cortos de los jugadores, algunos aficionados escogidos entre la multitud, los reyes en el palco saludando y, por supuesto, el himno más alto que los silbidos. Vamos, todo un bonito disimule.

Así, asistimos, una vez más, a la técnica habitual de cubrir los espacios que puedan dar lugar a una lesión de la figura del rey. O, en otras palabras, técnica habitual la manipulación de todo aquello que no encaje con una imagen gloriosa del monarca (y por extensión de su familia). Cualquier cosa que pueda salpicarle es evitada con rapidez. De este modo, al final, en este caso, la censura se achaca a un Zapatero en horas bajas que no quiere que se vean los excesos de su política territorial. Toda una ingenuidad. Pues en lo que cabría detenerse es en la costumbre de la Casa Real en este tipo de situaciones. Una censura que en la mayoría de las ocasiones ni la solicita pues, como es el caso, los responsables se autocensuran y eliminan los elementos de la discordia. Evitando el qué dirán y qué me pueda pasar. Aunque seguro que luego no pasa nada, pero por si acaso que no se vea. Fruto, todo, de ese pacto de silencio firmado, al parecer, por los responsables mediáticos durante la Transición (y alrededores) en virtud del cuál se protegería la figura del monarca. Acuerdo que debe seguir en vigencia y que, estamos seguros, desea ser prorrogado por un Heredero que no termina de encajar y al que no se deja de vender siempre que se puede.

Por supuesto, los efectos de estos hechos, ya sean errores humanos o autocensura, son nulos. Nadie pregunta más allá de los límites ordinarios (en todo caso se da un poco de caña política al partido en el Gobierno). Aunque si bien es cierto que cada vez se cuelan más noticias sobre actos de protestas contra la Corona en actos o visitas oficiales, aún estamos muy lejos de una radiografía real del estado de la cuestión. Y esto hace que este tipo de sucesos, como la censura de TVE, se conviertan en pequeños objetos de deseo o fetiche. Fíjense con que poco nos conformamos algunos.

Quizás sólo se trate de evitar lo que pasaba en aquel famoso chiste que se contaba en la época de Franco. Ese que dice…

Un representante se encontraba entre el público en un acto donde Franco estaba dando un discurso en el que contaba las excelencias del Régimen.

…hemos inaugurado un nuevo puente en Tordesillas…

- Pero si yo estuve la semana pasada en Tordesillas y no había ningún puente – comentó el representante a la persona que tenía a su lado –

…construimos un embalse en Cuenca que da agua a miles de personas

- Pero si en Cuenca siguen teniendo los mismos problemas de abastecimiento y aún reclaman un nuevo embalse – volvió a comentar el representante –

…hemos puesto en funcionamiento una nueva línea de tren que une Valencia con Murcia…

- ¿Cómo? Si seguimos utilizando la vieja línea – volvió a proferir el representante –
- Mire – le dijo cortésmente la persona que tenía a su lado – su problema es que viaja mucho y escucha muy poco la radio.

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06 mayo, 2009
Ciudadano 'R' (SC)
En términos comunicativos, la exploración de nuevas vías no termina nunca de sorprendernos. Una de las últimas iniciativas en este sentido ha sido la fórmula elegida por el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Repsol: ciudadano ‘R’. Una especie de premio a la excelencia a la ciudadanía. Como iniciativa, para empezar, es demasiado inocente, e incluso un tanto pardilla, como para que la miremos sin una cierta previsión de escepticismo. Y es que premiar a los buenos ciudadanos, a los que emplean las normas de urbanidad, a los conductores que respetan los pasos de cebra, a los ciclistas que llevan casco, a los motoristas que no se cruzan de carril… no puede sino resultar tremendamente conmovedor. Y aún así es poco esperanzador. No es que nos parezca mal que los ciudadanos de Madrid sean buenos, lo que nos parece mal es que se cree este tipo de premios promobombo.

Y es que, pero un “es que” muy castizo, que este premio se llame “Ciudadano ‘R’” no responde más que a la pura y sucia publicidad pro Responsabilidad Social Corporativa lava conciencias de las multinacionales. Por mucho que lo disimulen con el tema de ‘R’ de responsabilidad, o de respeto, o de lo que sea, el logotipo, con los colores corporativos de Repsol cantan más que una chocolatina rosa. ‘R’ de Repsol. De los que ponen el dinero para los carteles y de los que reciben toda la publicidad gratuita, vía prensa, sin gastar un solo euro en contratar un anuncio de publicidad.

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publicado por Øttinger a las 11:24 PM | Enlace permanente | 4 postilla (s)
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