Por un lado Obama ha protagonizado una brillante carrera electoral que le ha llevado a la remontada, la consolidación y la obtención de la mayoría de los delegados en juego. Un éxito que debemos matizar con un “éxito del partido”, pues Obama ha fracasado en su gran empresa: dominar en todos los grupos de votantes. Un hecho de suma gravedad, pues aunque muchos son los que afirman, no sin parte de razón, que son las minorías las que deciden el Presidente en los Estados Unidos, se encuentra en un error de etiquetas o pegatinas. Es la clase media blanca y trabajadora la que más influencia tiene en la elección del Presidente (por supuesto contando con el resto de segmentos del electorado). A este hecho, hay que sumarle una segunda evidencia: los negros votan mayoritariamente demócrata. Esto no quiere decir que si a Obama le descabalgan de la carrera no provoque un efecto rebote/rechazo contra Clinton y se queden en casa, que todo es posible, pero puede que muchos se queden. Ya sabemos, por su parte y según encuestas, que una gran parte de los votantes de Clinton (esos blancos de clase media y trabajadores) no piensan votar por él. Por tanto, se dibuja un escenario en el que Clinton puede partir, en una situación hipotética pues el futuro aún no ha llegado, en una mejor situación estratégica de cara a luchar con Mccain. Otra cosa es la posibilidad de darle a Clinton lo que los militantes le han negado. Algo a lo que, probablemente, el Partido Demócrata no se atreverá, pues la polémica sería muy grave al entrar en juego un factor que planea desde el inicio de la campaña: él es negro.Circunstancias parecidas se plantean en el Partido Popular. Rajoy ha demostrado, tras una elección y media (lo del 11-M pesa demasiado para pasarlo por alto), que es un mal candidato. En España, para ganar las elecciones, es necesario vencer en algunos grupos de votantes y territorios clave. El éxito en todos ellos garantizaría la perpetúa reelección, pero como es prácticamente imposible, con tener la mayoría dominados es suficiente. De estos grupos, el PP ha perdido en la mayoría. Ni ha obtenido un triunfo claro en los jubilados ni ha asomado cabeza en las mujeres. Por no decir que en Cataluña está defenestrado y en el País Vasco se esperan noticias de algo parecido a una estrategia que no sea el personalismo de María San Gil. Puede que Rajoy controle cómodamente uno de los territorios clave, Madrid, pero el PSOE tiene el control de Cataluña, lo que invalida esa ventaja.
Ya sé que algunos argumentarán que el PP ha crecido en número de votos y escaños, pero no hay que olvidar que ha propiciado la mayor campaña negativa de la historia de España: “Si tú no vas a votar, ellos vuelven”. En otras palabras, la estrategia popular de la pasada Legislatura le ha dado votos, pero también se los ha dado al PSOE. Porque el triunfo de los socialistas es el rechazo de los populares. La campaña de ambos partidos estaba centrada en un “él o yo” y Rajoy perdió. Puede que pese a su escasa popularidad y bajos índices de aprobación, Rajoy no sea el culpable de esta situación. Que la culpable sea la estrategia que le marcaron sus ex amigos mediáticos. Puede ser. Con todo, ya se ha dado cuenta de dónde está la clave para ganar las próximas elecciones, “hay que ganar el centro”. [“Y después de decir esto se quedó calvo detrás de las orejas”, debió aseverar una acertada crónica periodística.] Cuando un partido nace en la derecha y llega hasta el centro, el único sitio por el que se puede crecer es por su izquierda (hacia el centro se entiende). Ahora bien, aquí viene el desafío “Clinton” del Partido Popular: ¿quién está más capacitado ganar el centro? ¿Quién está más capacitado para ganar las próximas elecciones?
Hacer predicciones en terreno electoral a largísimo plazo es complicado. De aquí a 2012 Rajoy puede resurgir de sus cenizas y crearse un hiperliderazgo redentor de masas infieles y conquistar La Moncloa. Sin duda. Pero también puede terminar de hundirse. Por tanto, cualquier apreciación que se haga sobre él, o sobre cualquiera de los otros futuribles, se hace en términos hipotéticos y con un altísimo índice de incertidumbre. [En esto, y gracias a las primarias, lo tiene mucho más fácil el Partido Demócrata, que ya tiene una primera valoración de sus candidatos de cara a las Presidenciales de noviembre.] Aunque se está cavilando si Aguirre tiene más pegada que Rajoy, si Gallardón le daría más voto de centro al PP, si Camps está muy callado pero podría pensarse un salto a la política nacional consciente de su imagen de cercanía… de momento, aún nadie se ha erigido en la Clinton del Partido Popular. Como ya hemos dicho en otras entradas, el Congreso popular pasará y entonces empezarán las primarias populares. Sea aceptada o no está fórmula como método de elección de los candidatos del PP, las Europeas, las Gallegas y las Vascas van a ser una prueba de fuego para Rajoy. Y si les parecen largas las primarias del Partido Demócrata (a las que aún les faltan casi dos meses para la designación final), no se hacen una idea de lo largas que van a ser las primarias de los populares.Etiquetas: barack obama, Congreso Partido Popular, Estados Unidos, hillary clinton, Partido Demócrata, primarias








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