El efecto mariposa, conocido por todos, al menos en su forma más sencilla, no consiste en otra cosa que en creer que: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar una tormenta al otro lado del mundo”. Principio de la Teoría del Caos que podría resumirse en aquel capítulo de Los Simpson en el que Homer viaja al pasado y le explican que no toque ni cambie nada porque podría alterar el futuro. Cuando Homer (creo recordar) homenajea a Bradbury en su cuento “El ruido del trueno” matando a un mosquito, transforma el futuro hasta el punto de convertir a sus hijos en rosadas criaturas de cinco dedos. Esta teoría, la del caos, desarrollada desde diferentes perspectivas, supone que el estado normal del tiempo y su desarrollo histórico puede verse alterada por el más mínimo cambio. Este podría ser el miedo que le recorre al jardinero de Zarzuela.Hasta la fecha se ha contado (yo no lo viví en primera persona del singular) que el Rey trajo a España la democracia. [Debía ser un paquete de lo más discreto y fácil de guardar, pues desde su llegada a España, Franco no se lo requisó a pesar de encargarse de su educación, primer empleo...] Mérito histórico que se refuerza con el segundo acto heroico protagonizado el 21 de febrero de 1981 con la disolución del (intento) de Golpe de Estado. Dos apellidos que acompañan la biografía del Rey en cada una de sus apariciones o referencias en el mundo mediático y que nos recuerda que al señor que nos trajo todas estas cosas tan buenas no se le puede criticar ni nada por el estilo. No obstante, al margen del profundo análisis que requiere la Transición española y el Golpe del 1981, y en una de las analogías habituales de el síndrome, también le estamos muy agradecidos a los Reyes Magos (Papa Noel para los malditos protestantes que lean este blog) por los regalos que nos traen cada año hasta el punto de hacer propósito de enmienda cada vez que tememos perder uno, y sin embargo, en un momento sin nada de especial, de repente y sin avisar, nos enteramos que los Reyes no existen y dejamos de creer. Una pérdida de la inocencia que hará que veamos las cosas de una manera distinta desde ese momento (o eso dicen los psicólogos).
El caso es que esta línea histórica que se ha trazado en torno de la figura del monarca y el sistema que le legitima y al que legitima (España se llama), se observan mínimos aleteos de mariposas. No se sabe si serán la antesala de una tormenta que se producirá en el futuro o si se trata de un simple recordatorio de los límites que no deben pasarse. Lo que está claro es que podemos creer en la figura del padre (llevamos tanto tiempo haciéndolo que se trata más de un hábito que de una convicción) pero esto no es la Trinidad. Es decir, por creer en el Padre no creemos necesariamente en el Hijo y el Espíritu Santo (a saber quién puede hacer de Paloma en esta historia nuestra). Y esa es la gran dificultad que se le plantea a la monarquía parlamentaria. ¿Cuál es el mérito del hijo para convertirse en el Jefe del Estado?
Por ello, la no tan inocente portada de “El Jueves” (que se han cagado ante el Juez Del Olmo) resulta un primer aviso de donde está el límite que no puede traspasarse con la figura del heredero, causando la típica reacción de la mosca que vuela por la casa sin saber que eso que ve a través de la ventana no es la libertad en sí misma sino que hay un cristal que no se puede traspasar. Y cuando lo descubre se choca, hace ruido y se siente prisionera. Un límite que trata de proteger la herencia por encima de la lógica, para que nadie se cuestione lo más mínimo el tránsito de Juan Carlos I a Felipe VI. Como si se tratase de una trilogía de esas que se ruedan a la vez y que parece que no tiene fin tras seis horas de extras y extras. Por ello, resulta tan importante que este primer aleteo con el que muchas moscas se han dado cuenta que el cristal existe, se haya continuado con un segundo en forma de entrada bloggera con la autoría de Anasagasti. Y aunque el senador vasco diagnóstica un despertar de los españoles, lo cierto es que la tormenta está aún lejana. Latente. Creciendo con pequeños aleteos en asuntos de lo más inofensivos. Una portada de una revista satírica, un rumor de la prensa del corazón, una queja de un senador… una revelación que nos dice que los Reyes Magos no existen y el descubrimiento de que la luz celestial que irradia tras lo corpóreo de los salvadores de la democracia no es más que un foco halógeno que pierde potencia.
[Tercera imagen, la obra de JMW Turner “Snow Storm - Steam-Boat off a Harbour's Mouth”, en la Tate Gallery]Etiquetas: efecto mariposa, monarquia, república, teoría del caos








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