29 enero, 2008
La titularidad de las propuestas electorales
Tras la fallida Primera Guerra del Golfo, que Estados Unidos ganó a su manera, Bush padre tenía pocos argumentos a su favor en la dura campaña que le enfrentaba a Clinton. El candidato demócrata se dedicó a castigar la política económica y social del Presidente republicano, haciendo mella en las incertidumbres que Bush era incapaz de resolver. Una brillante campaña que llevó al primer Clinton a la Casa Blanca (veremos si hay una segunda).

Tras cuatro años de gestión, en los que el Presidente demócrata consiguió reflotar las cifras macroeconómicas, la campaña de reelección de 1996 que le enfrentaba al republicano Bob Dole, parecía cosa hecha. Y así fue. Dole no dudó en acusar a Clinton de ser un mujeriego pendenciero, señalando a Jennifer Flowers como una de sus amantes (no le hizo falta un recorte de revista del corazón como a Sebastián). Un tema que no encontró la acogida que esperaba entre los ciudadanos y que, por lo tanto, terminó diluyéndose. En esta estrategia negativa, el candidato republicano continuó con toda una serie de ataques a la política demócrata en todos los frentes posibles, la educación, la sanidad, la política exterior... Sin dejarse ni uno sólo que pudiera resultar especialmente polémico, como las contribuciones a la campaña de Bill Clinton que realizaron personas que vivían fuera de Estados Unidos y que nunca terminó de aclararse.

Ante la estrategia de ataque que los republicanos seguían, los demócratas decidieron realizar una campaña en positivo. En primer lugar porque estaban gobernando y, en segundo lugar, porque la llegada de Clinton al poder se acompañó de una cierta esperanza de cambio en una sociedad un tanto gris y deseosa de recuperar ciertas esperanzas de grandeza del pasado. Y qué mejor grandeza que la económica. Los jefes de campaña de Clinton eran conscientes de la necesidad de ganar el bolsillo de sus electores para ganar las elecciones. Y por eso no lo dudaron un instante. Se pusieron manos a la obra con la firme decisión de adelantar a los republicanos. Tradicionalmente en Estados Unidos existe la idea de que en los temas económicos los republicanos suelen actuar con mayor acierto, sobre todo de cara a los contribuyentes, a los que se les suele devolver el dinero tras realizar el balance económico (en caso de ser positivo, se entiende). Mientras que, en caso de tener un saldo positivo, un Presidente demócrata, jamás devolvería el dinero a los contribuyentes con la idea de reinvertir el superávit en otros programas (vean el “El ala oeste de la Casa Blanca”).

Es por ello que las medidas que los demócratas proponían se circunscribieron dentro de la estrategia más puramente republicana, con propuestas como la reducción del déficit o la reforma fiscal. Coletillas habituales del Partido Republicano, y que se apostillaron con la lucha contra el crimen con la dotación de más policía y la formulación de políticas de intervención en aquellas zonas más deprimidas y que consistían, principalmente, en programas educativos. Medio ambiente, fondos para la ayuda contra el cáncer de mama… una campaña llena de temas positivos que se contraponían a los ataques republicanos y en la que se eliminaron dos temas polémicos, la incorporación de los homosexuales en el Ejército y el aborto. El primero lo retiró nada más iniciarse la campaña y el segundo simplemente se obvió, cosa que también hizo Dole.

Lo realmente inteligente de la campaña demócrata no fueron sus propuestas, pues pocas o ninguna tuvieron un gran impacto en los años de gobierno del segundo mandato de Clinton. El mayor acierto de los jefes de campaña fue el seguimiento constante de la campaña republicana y la contraposición de propuestas positivas a los ataques de Dole, llevando siempre la iniciativa de la campaña. Es decir, dejando ver quien manda.

El Partido Popular se precipitó a la hora de anunciar su reforma fiscal. La exención en el pago del IRPF de los mileuristas es, sin duda, una propuesta acertadísima, pero no a tres meses de las elecciones. El Gobierno, que cuenta con la ventaja de gobernar, nada despreciable esta ventaja, ha tenido el tiempo suficiente para contrarrestar ese anuncio con el nombre de Solbes como Ministro de Economía. Nombre que el PP trató de amortiguar con la incorporación de Pizarro a la política, cómo si pudiese ser noticia esa incorporación cuando al día siguiente das de baja de las listas al Alcalde de Madrid. Y tras esto, el PSOE anuncia la devolución de 400€ a todos los españoles. Una medida electoralista, sí. ¿Pero no estamos en elecciones? Ah, bueno. Pues eso, que en estos días de promesas y rosas (no es un guiño al PSOE, en sólo una variación del vino y rosas), lo normal es prometer por doquier. Mucho más en materias económicas, rompiendo con la habitual relación, que como hemos visto en el caso de Estados Unidos, dice que los gobiernos de derecha son mejores para la economía y los de izquierda para las cuestiones relacionadas con los derechos.

Poco importa que el reparto de los dividendos suponga un cuarto del superávit español en unos tiempos de crisis. Total, la rebaja fiscal que el PP propone es más o menos similar en términos contables. Lo más importante, en el momento en el que nos encontramos, es llevar las riendas de la agenda pública y, hasta la fecha, el PSOE está realizando una brillante campaña en este sentido, mucho más si la está haciendo al estilo “económico de la derecha”. Hemos dicho a menudo, que el Gobierno, desde el año 2004, no había disfrutado ni un sólo instante de la titularidad del debate público, siempre en manos de los populares. Es por ello que esta estrategia bien construida en los tiempos y en las formas, le está ofreciendo una alta rentabilidad. Mucho más allá de las opiniones de algunos analistas volcados en el sectarismo y no en el pragmatismo de los hechos. Insisto, y no me sean cínicos (como Gaspar Llamazares que dice que esto más que una campaña electoral parece una campaña de marketing, más tonto y no nace), se trata de ganar las elecciones, no de gobernar, al menos no hasta que se gane el poder. Luego ya se verá lo qué se hace. Y el partido mejor preparado para afrontar la crisis económica que nos acecha y de la que no se va a librar nadie.

Puede que por todo esto el PSOE empiece a remontar en las encuestas que se publican (en las de consumo interno ya lo había hecho hace algún tiempo, según me cuentan los bien informados). Mal pinta la cosa para los populares que necesitan pronto un hit que les meta en campaña. Que ni Pizarro ni los chicos del canon tienen el suficiente tirón, al contrario que los manidos recordatorios de los socialistas a la guerra de Irak o al Prestige (incluidos en el librito de Pepiño para la campaña) que están consiguiendo que, en encuesta, aumenten la participación, lo que está beneficiando al PSOE en su intención de voto.

Rajoy no tendrá mas remedio que echar toda la leña en los debates televisados y bordar sus intervenciones para que ese 5-10% que dice decidir el voto gracias a estos encuentros, caiga de su lado y pueda disfrutar de alguna opción en, lo que parece, será su último combate. No obstante, y para no perder la tradición de este blog de poner postillas a las postillas, aún queda casi un mes y medio para la campaña: busquen, comparen, y si encuentran algo mejor, quédenselo.

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23 enero, 2008
Sistema de elección del Presidente en EEUU
En primer lugar debemos tener claro que Estados Unidos cuenta con 538 votos electorales repartidos por todo el país. Estos votos electorales son una especie de representantes que acudirán a un Colegio Electoral que será el encargado de designar al Presidente. Los 538 votos electorales se reparten entre los 50 estados que forman la Unión en función de una sencilla regla, el número de miembros que tiene en la Cámara del Representantes (que previamente se han repartido en función de la población del estado), más dos votos (estos “representan” a los dos senadores que tiene cada estado en el Senado). Así, Nevada tiene 5 votos, California 55 (es el mayor), Ilinois un total de 21, y así hasta 538.

Una vez que ya sabemos cómo se reparten los votos electorales, el siguiente paso es la votación.

Las elecciones presidenciales tienen lugar siempre el segundo martes de noviembre cada cuatro años. La elección del día y el mes no es casual. En la fundación del país y sus primeros pasos, Estados Unidos era un país esencialmente agrícola, por lo que la primavera y el verano, siembra y recolecta, quedaban descartados para la campaña electoral. Como evidentemente la red de carreteras no estaba compuesta por autopistas sino por caminos de tierra, y los pueblos distaban mucho los unos de los otros, el invierno fue descartado. Noviembre parecía el mes adecuado pues el invierno no había entrado de lleno y las labores en el campo habían terminado. Solucionada la elección del mes, quedaba pendiente decidir qué día debían celebrarse. Se pensó que no podía dedicarse el domingo para ir a votar (como por ejemplo ocurre en España de manera tradicional) porque era el día del Señor, esto es, el día de ir a la iglesia. Tampoco el lunes porque como las distancias entre los pueblos eran tan grandes, el viaje debería iniciarse, en muchos casos, el domingo. Y tampoco podía ser el primer martes de noviembre porque podría coincidir con el día 1 de noviembre, fecha en la que celebra la festividad de Todos los Santos. Así que finalmente se tomó el segundo martes del mes.

Que los ciudadanos estadounidenses sepan que día se vota no es suficiente para coger el petate y acudir a la urna. Para votar en las elecciones de los Estados Unidos es necesario registrarse como votante. Y para ello se debe cumplir con una serie de requisitos, que no todo el mundo está en condiciones de votar. No obstante, aclararemos, se trata de unos requisitos puramente administrativos, nada que implique un test de inteligencia. La Corte Suprema abolió ese tipo de procedimientos hace mucho. En primer lugar es necesario ser residente del estado donde se piensa registrar (votar), ser mayor de 18 años, no encontrarse cumpliendo una condena y no haber sido declarado incapacitado mental. Si se reúnen estos cuatro requisitos, ya se puede acudir al Registro de Votantes del condado en el que uno viva (en algunos estados esto puede hacerse al sacarse el carné de conducir), ya sea presencialmente o por correo, al menos treinta días antes de las elecciones. Es decir, que se exige una actitud positiva y activa ante el derecho de voto. Puede que por eso el índice de abstención de los Estados Unidos sea tan elevado.

Muchos creen que en los Estados Unidos el Presidente se nombra por elección directa, sin embargo, esto no sucede así. Sí es cierto que se vota por uno u otro candidato (y por el vicepresidente que propone), pero el que más votos obtiene no gana automáticamente. Una vez que se conocen los resultados, en cada estado se reparten los votos electorales por el sistema mayoritario, es decir, el que más voto popular obtiene se lleva todos los votos populares. Así, aparece el famoso mapa de EEUU con los estados coloreados de rojo y azul. No por tener más casillas pintadas de tu color has ganado, pues, como hemos dicho, el número de voto popular que cada estado posee varía y no es lo mismo ganar Carolina del Norte que ganar California.

Con el reparto hecho, se convoca el Colegio Electoral. Un órgano en el que se reunirán todos los electorales (en realidad se llaman así a estas personas) que votarán dos veces. En una primera votación, decidirán quién es el Presidente. En una segunda, la persona que ocupará la Vicepresidencia. Lo normal, evidentemente, es que cada elector vote en función del partido por el que ha sido elegido. Por tanto, el que gana las elecciones en número de votos electorales, es el que gana la designación.

Puede darse el caso de tener más voto popular y menor número de votos electorales. Sin ir más lejos, en el año 2000, Bush Jr. obtuvo el 47% del voto popular, mientras que Gore consiguió el 48%. Sin embargo, Bush Jr. (es mejor Jr. que W. de Walker Texas Ranger) logró 271 electores frente a los 267 que ganó Gore.

Y como última curiosidad, en caso de darse un empate en el Colegio Electoral, cosas de la aritmética electoral, será la Cámara de Representantes (nuestro Congreso de los Diputados) el que designará al Presidente de los Estados Unidos. Y el Senado hará lo propio con el Vicepresidente.

Para información sobre el sistema de primarias leer, en este mismo blog, "Estados Unidos, un sistema electoral por descubrir".

[Eva, cambio esta explicación por una en la que me cuentes cómo se hace un estupendo truco con un palillo y un tenedor.]

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19 enero, 2008
Estados Unidos, un sistema electoral por descubrir
No se me ocurría mejor título para encabezar una entrada dedicada a una breve y sencilla explicación del sistema electoral estadounidense. Eva, amablemente pidió una pequeña guía para entender por qué en un estado votan de una manera y en otro el sistema es completamente distinto. Pues bien, como pactamos cambiarnos la explicación del sistema preelectoral estadounidense por una explicación del por qué existen los colores, y ella ya ha cumplido, aquí va el pago de mi promesa. Empezaremos por el principio, es decir, por la elección de los candidatos, para, en una posterior entrada, explicar el sistema de elección del Presidente.

Seguramente Estados Unidos es el país del mundo en el que más veces se vota. Lo afirmaría con toda rotundidad pero este tipo de datos suele manejarlos con gran pericia Harry, así que esperaremos a su veredicto. En cualquier caso, lo cierto es que en un país donde se elige por votación al sheriff del condado, jueces, consejos escolares… sería extraño que no se eligiese a los elegibles por elección (compadre, cómprame un coco…).

Estados Unidos lo forma una unión de 50 estados. En todos ellos los partidos, los dos principales, (Partido Demócrata y Partido Republicano) que el resto no cuenta mucho (no salen en la tele), convocan la elección de los delegados para la convención nacional que designará el candidato presidencial. Es decir, una especie de diputados que debe asistir a un congreso que designará al candidato a la Presidencia. La única diferencia es que la elección de estos delgados puede hacerse por medio de tres procedimientos diferentes.

Dependiendo de la estructura de los partidos y la población en cada estado, se elegirá un número de delgados por estado. Los delegados actúan como representantes de los militantes de los partidos del estado en el que han sido elegidos. Es decir, el delegado del Partido Demócrata de Nueva York, representará a los militantes del Partido Demócrata de Nueva York, obvio. Antes de su elección, es habitual que las personas que se presentan para ser delegados, expongan sus opiniones políticas y muestren sus preferencias por alguno de los candidatos que se presentan. Los militantes votan y eligen a sus delegados, a sus representantes. Más o menos como sucede en la mayoría de los partidos políticos en España.

Además de este sistema, los partidos tienen, en algunos estados, una especie de pequeños grupos que se reúnen y debaten qué candidato les gusta más. Cada uno representa a un sector concreto del partido y tras reuniones y debates, más de mil asambleas pueden llegar a celebrar todos estos pequeños grupos, deciden a que candidato apoyarán. Los famosos caucuses de Iowa dan origen a esta modalidad, a la que se ha sumado el estado de Nevada.

Ya hemos dicho que la cosa no era sencilla. En otros estados, los militantes no eligen delegados ni existen estos pequeños grupos en el interior del partido. Se emplea un sistema de elección abierto en virtud del cual todos los votantes registrados en el estado pueden votar para elegir al candidato de su partido. La votación es libre pero sólo se puede votar en uno de los procesos de los dos partidos, si decides votar por el candidato de los republicanos ya no puedes hacerlo por el de los demócratas. Más o menos como sucede en unas elecciones a la Presidencia. Estos estados, como el de New Hampshire, resultan de vital importancia porque permite ver el rendimiento electoral de los candidatos en un censo real de electores. Al tratase de todos los votantes registrados, los que podrán votar en las elecciones, se puede conocer el alcance de cada uno de los candidatos. Coinciden ambos partidos en el día de votación y permiten ver, no sólo qué precandidato del partido tiene más votos, sino si el candidato republicano o demócrata se ha impuesto en unas elecciones virtuales.

Una vez que tenemos claro los tres sistemas de elección de delegados del partido, explicaremos para qué sirven. Los caucuses eligen sus delgados por condados (como las comarcas en las provincias españolas), de ahí salen las convenciones estatales donde se eligen a los delegados estatales que acudirán a la convención nacional del partido al que representan. Exactamente en el mismo sistema que en la elección de los delegados del partido por los militantes o en el sistema abierto donde se reparten los delgados por el número de votos. Al final, y para recapitular e intentar poner un poco de orden, se trata de un primer filtro donde se escogen a un número determinado de delegados que acudirá a la convención nacional de cada partido.

Esta convención es el órgano de poder que hemos comparado al principio de esta entrada con una especie de Congreso de los Diputados. Evidentemente cada uno de los candidatos conoce el número de delegados que lleva, por lo que podría parecer que cada uno sabe cuáles son sus opciones reales de ganar. Es por ello que el interés está, en caso de que uno de los candidatos no lleve una ventaja inmensa, en averiguar a quién apoyarán los delegados de los candidatos que se han retirado por el camino o aquellos que llegan sin opciones reales al final.

La fórmula tradicional es que los candidatos se vayan retirado a medida que sus apoyos se diluyen, es decir, a medida que van perdiendo estado tras estado, y manifiesten públicamente el nombre del candidato al que apoyan, pasándole sus delegados (los delegados, en realidad, no están obligados a apoyar a ningún candidato, aunque se supone que le harán caso). Pero también cabe la posibilidad de la negociación en la convención nacional para cambiar el voto de los delegados, por ejemplo, que el segundo candidato con más apoyo pacte con el tercero para arrebatarle el poder al primero, o que el primero le ofrezca la vicepresidencia al segundo, etc.

Tanto en un caso como en otro, en la convención nacional (mes de agosto para los demócratas y mes de septiembre para los republicanos) los delegados manifestarán su apoyo por sus precandidatos favoritos y el partido designará al candidato a la Presidencia de los Estados Unidos.

A modo de conclusión, simplemente mencionar la importancia del “supermartes”. Este año se celebrará el 5 de febrero y se llama así por dos motivos. En primer lugar porque es el día en el que más estados coinciden en su votación y porque lo hacen los dos de mayor número de representantes, California y Nueva York. Y en segundo lugar, porque el término se acuñó en las primarias de 1984 al dar un vuelco electoral Mondale (demócrata). Tradición, la de dar un vuelco electoral o la de consolidarse, que se ha mantenido hasta la fecha. Es por ello que algunos candidatos como Hillary Clinton y Barack Obama esperan esta fecha para salir vencedores. Al igual que lo espera un Giuliani que está concentrando sus esfuerzos en este día (además de en Florida) para consolidar sus opciones a la nominación presidencial del Partido Republicano.

Para más información sobre el sistema de elección del Presidente leer, en este mismo blog, "Sistema de elección del Presidente en EEUU".


Copio y pego un calendario de los días de votación para dar buena muestra del largo camino que aún le queda a la caravana de los candidatos.

3 Enero: Iowa;
5 Enero: Wyoming (Partido Republicano);
8 Enero: Nueva Hampshire;
15 Enero: Michigan;
19 Enero: Nevada, Carolina del Sur (Partido Republicano);
26 Enero: Carolina del Sur (Partido Demócrata);
29 Enero: Florida;
1 Febrero: Maine (Partido Republicado);
5 Febrero (”Superpartes”): Alabama, Alaska, Arizona, Arkansas, California, Colorado, Connecticut, Delaware, Georgia, Idaho (Partido Demócrata), Illinois, Kansas (Partido Demócrata), Massachusetts, Minnesota, Missouri, Nueva Jersey, Nuevo México (Partido Demócrata), Nueva York, Dakota del Norte, Oklahoma, Tennessee, Utah;
9 Febrero: Luisiana, Kansas, Washington, Nebraska (Partido Demócrata);
10 Febrero: Maine (Partido Demócrata);
12 Febrero: Distrito de Columbia, Maryland, Virginia;
19 Febrero: Hawaii (Partido Demócrata), Wisconsin;
4 Marzo: Ohio, Rhode Island, Texas, Vermont;
8 Marzo: Wyoming (Partido Demócrata);
11 Marzo: Mississippi;
22 Abril: Pensilvania
6 Mayo: Indiana, Carolina del Norte
13 Mayo: Nebraska (Partido Repúblicano), West Virginia
20 Mayo: Kentucky, Oregon
27 Mayo: Idaho (Partido Republicano)
3 Junio: Montana, Nuevo México (Partido Republicano), Dakota del Sur;

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16 enero, 2008
Madrid, o el coño de la Bernarda
Electoralmente Madrid ha sido una provincia (o Comunidad uniprovincial) más o menos estable. Las mayorías políticas han ido cambiando paulatinamente elección tras elección, nivel de gobierno tras nivel de gobierno, sin grandes vuelcos electorales. Una estabilidad que ha llevado a un bipartidismo más o menos consolidado que únicamente rompe una IU que, por no llegar a sumar una mayoría con el PSOE, no habilita un modelo de bipartidismo de dos y medio. Sin embargo, en los prolegómenos de las elecciones Generales de 2008, se están multiplicando las opciones que podrían acabar fraccionando el voto en Madrid. Además, a este se le suma la movida promovida, por el Ayuntamiento, de las listas del Partido Popular.

En primer lugar tenemos a uno de los personajes políticos con menos talla que hemos visto nacer en los últimos años. Este no es otro que Albert Rivera de Ciutandas. Este juicio de valor podría haberse evitado, pero teniendo en cuenta que se trata de un político que se presentó, con toda legitimidad, con un fin concreto en una Comunidad concreta, y ahora parece haberlo olvidado para presentarse en Madrid, pues poco o nada se puede hacer a estas alturas de la película para que no se le vea el plumero. Un señor que no es de Madrid está como loco por presentarse en Madrid. Técnica habitual de los grandes partidos, la de presentar a sus Ministros o cargos importantes en distintas provincias para cultivar el voto, que ha hecho suya Rivera. Animado, sin duda, por un sector mediático que le ha dado un soporte tremendo en su ataque a oros intereses y que casi le convence de que se presente a la Alcaldía de Madrid. Pero hecha la campaña, se crece y traiciona a sus promotores asegurando que si saca un diputado, él, no pactará automáticamente con el PP como podría esperarse, sino que lo hará con el que resulte más importante para la estabilidad del sistema. Es decir, el partido que más le ofrezca.

Luego tenemos a Rosa Díez. En los últimos tiempos se ha caracterizado por su verborrea contra el Partido Socialista de Euskadi y contra el PSOE, incluido, por su puesto, el Presidente del Gobierno. Los motivos, absolutamente legítimos (y dale con la legitimidad) se concretaban en la oposición a la negociación del Gobierno con ETA y la posición que había tomado Patxi López al respecto. Cosa curiosa esta última, pues ella fue una de las encargadas de cargarse a Redondo Terreros, anterior Secretario General del PSE, para ocupar su puesto. Claro que se le adelantó López y ella se quedó con las ganas. Sea como fuere, Unión, Progreso y Democracia (su partido recién fundado), se presenta en Madrid, animado por las masivas manifestaciones contra la negociación que han tenido lugar en esta ciudad. Por eso y por el ánimo que les daba el mismo sector mediático que los animaba a manifestarse pero que calculaba que se presentarían en el País Vasco. Ja!, pensó una Díez que no es tonta y sí es pragmática, echándole un vistazo a las encuestas y dándose cuenta de lo poco que tenía que rascar en Euskadi. Así que lo mejor es venirse a Madrid y probar suerte de número uno.

Número uno de la lista que ha resultado de la confrontación con Rivera. A nadie se le escapa que para un partido político, uno de los mayores desafíos que se le presenta en cubrir el espacio geográfico. Mucho más si se trata de un pequeño partido, y aún más si se trata de un recién nacido. Es por esto que Díez le consultó a Rivera (y viceversa) la posibilidad de trazar una estrategia que les permitiese, en coalición, presentar candidaturas en la mayoría de las provincias españolas. Pero no pudo ser. Madrid era el problema. Tanto ella como él querían ser cabeza de lista en Madrid y no estaban dispuestos a renunciar. Lo que evidencia, la lógica ambición de cualquier político por salir elegido, y que ambos poseen alguna encuesta que les dice que llegan al mínimo para sacar a un diputado en el caso de presentarse.

A esta fragmentación del voto, más o menos prevista según encuestas a más de cuarenta días de las elecciones (téngalo en cuenta), se le une el lanzamiento del candidato estrella del Partido Popular. Tradicionalmente este partido siempre ha presentado como número uno de esta Comunidad a su candidato a la Presidencia, dejando el número dos para alguien destacado. Pues cuando algunos especulaban con que este puesto sería para Gallardón, Rajoy proclamó a los cuatro vientos que proponía como número dos por Madrid a Manuel Pizarro. Hombre sin ningún peso público antes del follón de Endesa, Gas Natural, la Caixa, el PSC, el PP… y que se convirtió en el Don Quijote de Endesa defendiendo a sus accionistas de la venta a los malvados independentistas catalanes… cosa que terminó logrando al vender, en lugar de Gas Natural, a unos alemanes primeros y a unos italianos finalmente. Pago de favor del PSOE la OPA de Gas Natural (por el perdón del crédito y demás favores de La Caixa -Gas Natural- al PSC-PSOE) y, ¿pago de favor a Pizarro por evitar la venta de Endesa?

La cosa es que en la crisis que, muy acertadamente, el PP se está ocupando de poner de manifiesto, este partido necesitaba presentar un gran aval económico que garantizase la solvencia en los tiempos oscuros. Todos conocemos el nombre de esa garantía, Rodrigo Rato. Pero el deseado dijo no. Nos ha jodido. Con lo mal que pinta la cosa, como para perdonar las conspiraciones pro Gescartera de Rajoy (y acólitos) y que le costaron la candidatura en 2004. Así que como Rato ni le contestó, pues algún iluminado le dio la idea al PP de quién debía ser el timonel económico, le han presentado los más fans como el próximo Ministro de Economía, que salvaría a España de la hecatombe contable. Pues eso. Pasa de un superclase como Rato a un mierdecilla político como Pizarro. Dicho con todo respeto, pero méritos que alegar aún no tiene ninguno.

Suma y sigue. Aunque en el caso del PP y sus movimientos finales de en las listas, mejor un resta y sigue.

Y por último, el asunto de Ruiz Gallardón. Yo quiero ir, yo quiero ir…, pues te quedas en casa. Parece ser que el Partido Popular, que va a ganar las elecciones según cuentan sus más cercanos, lo tiene tan claro que prescinde de su principal baza electoral. Y prescinde porque en la seguridad en la victoria, Aguirre amenaza con dimitir como Presidenta de la Comunidad de Madrid para evitar la Ley de Incompatibilidades y presentarse al Congreso. Es decir, como este tío va a perder, yo voy al Congreso y le heredo antes de que se me adelante cualquier otro. Lógica discutible, puede, pero a ver si los que tanto criticaron a Gallardón por su inmensa ambición y ganas de heredar a Rajoy, critican ahora a Aguirre por lo mismo. Que a la Rubia se le ha visto el plumero. Cosa predecible, las presiones que el aparato más duro del PP y del sector mediático más confrontado con el Alcalde. ¿Quién ha ganado? Puede que Federico Jiménez Losantos esté encantado en sus micrófonos, pero seguro quien ha perdido es el propio PP. Resta y sigue.

Sin duda al plan de Gallardón era evidente. El PP pierde las elecciones y yo, que ya estoy en el Congreso, me pongo de número uno. Pero cuando ese uno, siendo la principal baza electoral, es ninguneado públicamente y ve claro que por mucho que lo intente su futuro en el PP simplemente no existe, pocas opciones le quedan. Eso sí, Eduardo Zaplana irá en la lista por Madrid. Resta y sigue.

Y si ya hemos restado a Pizarro y la no inclusión de Gallardón en las listas, tenemos que recuperar a los dos pequeños partidos. No ha sido casual su inclusión. Puede que no saquen ni un solo diputado. Pero los miles de votos que seguro van a sacar, no saldrán del nicho socialista en Madrid. Saldrán del nicho popular, restándole un total que en el reparto proporcional de diputados que establece la Ley D’Hont, le pueden costar, al menos, un representante. Así que, en el muy probable caso de suceder, que no olviden darle las gracias a todos aquellos que empujaron la candidatura de estos pequeños partidos para luchar contra el malvado Estatut de Cataluña y contra la terrible negociación con ETA y, por supuesto, los que han lapidado a Ruiz Gallardón y encumbrado a Manuel Pizarro.

Aunque en unas elecciones no se conoce el ganador hasta que se cuenta el último voto, parece que la estrategia del PP conduce a un suicido político sin precedentes. Veremos como acaba esto, que lo mismo todo está calculadísimo. Pero si mérito tiene haber tenido cuatro años de un Gobierno, torpe, malo e inactivo, mucho más mérito tiene haber tenido una Oposición que no ha sido capaz de lograr ni una opción real de ganarle.

P.D. Alcalde, dimite, y que les den por culo.


- [Actualizado a las 0.40 del 16 de enero de 2008] -

El periódico ABC anuncia, en exclusiva y en portada del día de hoy, que Ruiz Gallardón abandonará la política tras las próximas Generales. Si no es antes.

De confirmarse, que habrá que verlo, muchos análisis se centrarán en si se trata de una medida egoísta, una venganza política, la única opción que le ha quedado… ya haremos nuestro propio análisis. Pero de lo que podemos estar seguros en un 90% es que Manuel Cobo (su segundo) se irá con él, y tras Cobo: Ana Botella Alcaldesa de Madrid.

Madrileños, nos vemos en Monteleón.

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12 enero, 2008
Las lágrimas de Hillary
En las próximas semanas podría darse una circunstancia inédita hasta la fecha, que una mujer se presente como candidata a la Presidencia de los Estados Unidos (en realidad será en el año 2009). Hillary Clinton se encuentra bien posicionada para ocupar la candidatura del Partido Demócrata, a pesar de los envites de un Barack Obama crecido por las encuestas y los apoyos mayoritarios de un Hollywood medio en huelga.

La política es un mundo esencialmente masculino. No son pocos los casos que podemos presentar de mujeres que han intervenido en la política a lo largo de la historia. Pero no dejan de ser islas que, aunque jugando un papel fundamental, no han contribuido de una manera destacada a la incorporación de las mujeres en la actividad política. Y no lo han hecho no por falta de voluntad real, sino porque la sociedad en la que se encontraban era algo inviable. Sólo con el paso de los años y las sucesivas extensiones del sufragio universal, parece que se inició una tímida incorporación de la mujer a la acción política. Incorporación que fue haciéndose mayor hasta momentos más recientes en los que algunas mujeres empezaron a ocupar los primeros puestos de las listas. En la actualidad se cuenta, con gran alboroto, que cada día hay más presidentas mujer. Merkel, Bachelet o el intento de la propia Royal en la Francia pre-Sarkozy (todo un concepto a desarrollar).

Se habla en numerosas ocasiones de esta incorporación de las mujeres a la política, pero en poco casos se habla de qué tipo de mujeres acceden a la misma. Sin miedo a resultar políticamente incorrecto, nunca se castigaría a un hombre atractivo por dedicarse a la política. Un aspecto seductor, e incluso algo frívolo, no sería entendido como algo excesivamente negativo si a los electores les atrae. E inclusive, si un hombre fuese horrendo, se buscaría la estupenda virtud de ser un gran gestor para justificar que un tipo tan feo estuviese en primera línea de la acción. Sin embargo, en el caso de las mujeres, un aspecto excesivamente atractivo es de casi obligada penalización. Y si fuese una mujer horrenda, los chistes serían miles. Más allá de las capacidades reales que puedan aportar unos y otras.

Si hacemos un repaso a la mayoría de las mujeres que se han dedicado o se dedican a la política, ocupando puestos de relevancia, en pocos, o ningún caso, encontramos mujeres que sean extremadamente femeninas. Margaret Thatcher en su momento (la propia Isabel II de Inglaterra), Angela Merkel o Michelle Bachelet en la actualidad, o Rita Barberá o María Teresa Fernández de la Vega en España, responden al único patrón de mujer que ha podido triunfar hasta ahora en la política: mujeres andróginas (o directamente masculinas) con fuerte carácter y que son consideradas como uno más. El pago es tener que ponerse los pantalones. Dicho esto sin el más mínimo reparo machista y teniendo en cuenta las excepciones de la guapa Royal o la coqueta Kirchner. Pero al margen de las mínimas excepciones, parece que las frivolidades femeninas no son bien vistas por el público en general. De hecho, es una de las principales puntas de lanza en las habituales críticas que se hacen contra las políticos (lo siento pero no me sale eso de las políticas).

Quizás por ello resulta arriesgada la estrategia que ha tomado Hillary Clinton en los últimos días. En medio de la campaña por la designación del candidato a las presidenciales, y cuando las encuestas publicadas decían que Hillary perdía ante Obama, ésta realizó un discurso sobre la importancia del proceso y de lo que se jugaban. Momento en el que la voz de la precandidata se quebró, quedándose a un palmo de un sollozo. Como no podía ser de otra manera, el análisis gira en torno a la interpretación de este hecho: es un semi-lloro real causado por la presión de un rival en claro ascenso o se trata de una vil estrategia para que las mujeres del estado de New Hampshire se compadeciesen de ella y fuesen a votarla. En uno u otro caso lo que está claro es que las mujeres no deben llorar el público porque se les ve el plumero y evidencian su debilidad. No es que este me lo crea, es sólo que el comentario que se les hace sale casi de manera automática.

Si un político, en un momento bien escogido, hubiese llorado, habría mostrado su lado más humano. Esto es claro. Sin embargo, si una precandidata a la Casa Blanca llora ante la presión, puede desencadenar una serie de juicios de valor que terminen planteando si ante una crisis real y cuando deba tomar decisiones con un estrecho margen temporal, será o no capaz de afrontar la presión o se hundirá. Un juicio que, seamos serios, es absolutamente legítimo. Otra cosa es que sólo se plantee en este caso por tratarse de una mujer. Por esta preocupación, en un país en guerra y en permanente amenaza (así reza la publicidad institucional) requiere de líderes sólidos y fuertes. Características que Hillary ha vendido como propias, sumándole la experiencia de haber sido durante ocho años la Primera Dama más activa de la historia de los Estados Unidos. Es por ello que este quebranto en la voz, que no en el ánimo, de la precandidata podría afectarle mucho más de lo que en primer momento puede pensarse. No de cara a su propia designación, carrera en la que continúa líder a la espera del Supermartes que presumiblemente ganará Nueva York (súmenle a Giuliani por el Partido Republicano), sino de cara a unos comicios (los de 2009) que se debatirán entre un electorado apático y cansado de políticos que ante las crisis no ofrecen soluciones reales. El mínimo porcentaje de población que participa en sus elecciones, con la importancia de las minorías mayoritarias de negros y latinos, muestra una tendencia más que manifiesta por personas de un fuerte carácter y con una predisposición a la resolución de problemas complejos de manera dinámica. Puede que por esta razón la candidatura de Clinton se cuide mucho de volver a permitir o recurrir, según consideren ustedes el fenómeno, a mostrar a una Hillary, no humana, sino mujer.

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07 enero, 2008
Birlibirloque y Esperaza Aguirre
De todos es sabida la complicada situación que se había originado en el Metro de Madrid (Informa) como consecuencia de la huelga de los servicios de limpieza. Una huelga que comprendía unas reivindicaciones sobradamente justas: que a uno le paguen 700€ al mes por limpiar durante ocho horas al día en el Metro es lo más parecido a la explotación que puede encontrarse. Sin embargo, los habituales piquetes que ayudan a visibilizar la huelga, tirando papeles al suelo, ensuciando, llenando papeleras… en algunos casos han excedido su acostumbrado trabajo tirando contenedores de basura por las escaleras o esparciendo aceite en los tornos de entrada. Acciones que hemos podido ver una y otra vez en los medios de comunicación gracias a las grabaciones de las cámaras de seguridad del Metro, que más que un sistema de vigilancia parece el Gran Hermano. Con todo esto, la opinión pública se pronunció y, aún no dejando de apoyar las reivindicaciones de los trabajadores de manera expresa, sí condenaban la huelga en sus formas máximas de protesta. Trasladando, hábilmente por parte de los responsables patronales y públicos, y estúpidamente por parte de los sindicatos, la culpa de todos los males a los trabajadores.

Con todo este clima hay quien no duda en sumarse un tanto. Esa no es otra que la Comunidad de Madrid. En el ecuador de la huelga, y cuando las primeras acciones de guerrilla metrourbana ya habían llegado a los hogares españoles a través de sus televisores, se anuncia la rescisión de los contratos con las empresas responsables de la limpieza de la red de Metro. Una medida más que comprensible y que podría hasta ser ejemplar de haberse tomado motivada por la enorme explotación que se hace de los trabajadores. Más aún si el responsable de la Comunidad hubiese acertado a la primera de qué empresas se trata y en qué nivel de subcontratación se encuentran. Sin embargo, el tiempo siguió pasando y nada cambiaba para los usuarios del suburbano. La basura seguía almacenándose y el riesgo para la salud continuaba aumentando al mismo ritmo en el que los olores se hacían cada vez más desagradables.

Al contrario de lo que suele suceder siempre, que las vacaciones hacen pasar por el embudo cosas que no se filtran ni empujando, la gente se preguntaba, en mayor o menor medida, por qué esto de la huelga seguía en pie. Quizás por eso, la Presidenta de la Comunidad, preguntada por los medios, anunció de manera oficial que los contratos se iban a rescindir y que la huelga se terminaba por las bravas. Además, comentaba que los trabajadores que habían sido pillados infraganti perjudicando a los usuarios serías despedidos y “entregados” a la justicia. Sin dejar de avisar que todos aquellos que sin ser trabajadores también habían protagonizado actos de este tipo, serían perseguidos por la policía. Nada que escandalizara a la opinión pública y que no entrase dentro de lo razonable. Pero, hecho el anuncio, la cosa seguía igual.

Y como colofón, en el día que la huelga cumple su 21 jornada, se anuncia el acuerdo entre las empresas concesionarias y los sindicatos convocantes y, por tanto, el fin de la huelga. Al margen de la Comunidad de Madrid y de la irrevocable rescisión del contrato, se readmiten a los empleados despedidos y se forma un batallón de limpieza para ordenar la red. Asunto, este último, en el que Metro se defiende y aclara que ya se ha enviado la notificación oficial y que se encuentra en conversaciones con otras empresas para contratar nuevos servicios de limpieza. Puede que la notificación no llegue porque la han enviado por Correos, que también está de huelga, y que por eso aún no se han enterado. Pero también puede que todo se deba a las típicas idas y venidas de nuestra Presidenta autonómica. Unas veces dice unas cosas y otras dice lo contrario. Según lo que le convenga.

Una especialidad de Aguirre, que no deja de ofrecernos ejemplos de acciones mediáticas pero que en ningún momento se reflejan en su gestión. La inacción, con todo, no se manifiesta en las cifras macro. Al fin y al cabo es la Presidenta autonómica que más se ha ocupado de la Sanidad Pública. Así lo demuestran los siete hospitales que inauguró el pasado mes de mayo. O del transporte público, como lo demuestran los intercambiadores inaugurados antes de las elecciones. Lo malo es que después de lo notable del esfuerzo, los hospitales inaugurados no funcionen porque no están dotados de medios ni de médicos (esto último culpa, en honor a la verdad, del Ministerio de Sanidad que es la que se encarga de proporcionar médicos como si fuese una ETT). Es decir, se abrieron unos bonitos edificios en los que ponía en letras grandes “Hospital” pero que en ningún caso lo son. Por eso ahora, que empieza, alguno, a dar servicio, están siendo reinaugurados de nuevo. Con toda la pompa posible. Del mismo modo que los intercambiadores de transporte que se abrieron en mayo y que están cerrados a cal y canto porque no se han terminado, volverán a ser inaugurados. De esta manera y por arte de birlibirloque, Esperanza Aguirre, en unos pocos meses de su nueva legislatura, inaugurará siete hospitales de un plumazo y otros tantos intercambiadores. Muestra de un esfuerzo notable de su gestión, dirán… y así, en las próximas elecciones de 2012, podrá presentar como prueba de su buena gestión en esta legislatura todas estas obras.

¿Es, o no, notable la estrategia comunicativa? Ni Reagan en sus mejores tiempos.

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05 enero, 2008
No con mis impuestos
No con mis impuestos.

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01 enero, 2008
1808-2008
Este año que empieza se celebrará en Madrid, y en toda España por extensión de lo que significa, el bicentenario del madrileño Levantamiento del 2 de Mayo. La fecha que supuso el inicio de la Guerra de la Independencia, conocida por los historiadores franceses y afrancesados como una guerra de sucesión dinástica, será objeto de auténtica veneración por muchos y de auténtico pasotismo por otros cuantos. Tanto para esos unos como para esos otros, la memoria del 2 de Mayo de 1808, en lo que puede convertirse en un nuevo año Quijote, será de obligado recuerdo por, en mi opinión, más lo que pudo ser que lo que lamentablemente fue. Las instituciones se ponen las pilas y no dejan pasar la ocasión de promocionar iniciativas y, ya de paso, hacer algo de caja electoral. Da igual que las elecciones sean en marzo, conceptos como el “patriotismo”, “reivindicación de la nación” o “lo que nos une”, ya han empezado a salir de la boca de muchos políticos en clara crítica a los rivales. Pero más allá de la mera publicidad la Comunidad de Madrid, como es lógico por tratarse de la región clave en el estallido de las revueltas, Madrid capital, como de la declaración de la guerra, Móstoles (que hasta hace unos años seguía formalmente en guerra con Francia), prepara una serie de actividades que incluyen una serie documental dirigida por Garci y la creación de una Fundación. A este programa, se le une los dispuestos por la Comisión Nacional de la que forman parte las ciudades protagonistas de los acontecimientos de mayo y de los principales sucesos de la Guerra de la Independencia, tales como Bailén o Zaragoza. Todo un despliegue que nace con la acertada voluntad de cubrir el período de 1808 a 1812, es decir, de 2008 a 2112.

Por mucho que se empeñe Arturo Pérez Reverte y otros arribistas, el pueblo de Madrid en ningún momento se levantó en armas en nombre y en defensa de la monarquía borbónica. La Restauración no estaba en la mente de aquellos que estaban siendo oprimidos por el ocupante francés. Hambrientos, detenidos sin motivo alguno, vejados, agredidos… cuando aquel 2 de Mayo de 1808 el pueblo de Madrid supo que el último de los Infantes, Francisco de Paula, era trasladado, se congregó ante las puertas de Palacio para protestar por la eliminación del último vestigio de un Madrid libre. Los gritos de “nos lo llevan” no respondía a la defensa de una Institución familiar sino la pérdida de la última huella de un Madrid no ocupado, de un Madrid que si bien no era la joya de la corona que muchos pretenden, al menos si era una ciudad libre (en la justa medida de lo que puede entenderse por libre en el siglo XIX). ¿Cómo iba levantarse en armas por un rey que había entregado su trono al ocupante y que disfrutaba de un exilio dorado al abrigo de su admiración por el Emperador Napoleón?

Claro está, y soy el primero en admitirlo, que las medidas modernizadoras que traía José I (Bonaparte) habrían colocado en pocos años a España en el siglo XIX, alejándose del tradicional atraso. De hecho, las medidas adoptadas en este sentido en su corto período de poder supusieron todo un avance. Sin embargo, su conducta, y la de sus compatriotas ocupantes, especialmente la de Murat, distó mucho del modelo pretendidamente ilustrado que encarnaban. Es por eso que la única posibilidad que le quedaba a los madrileños era revelarse contra aquellos que represaliaban al pueblo y abusaban de él. El levantamiento no lo protagonizaron los militares, la Corte o los políticos, lo protagonizaron los panaderos, artesanos… y sobre todo, las mujeres (la mayoría de las víctimas fueron mujeres). Frente al modelo pretendido se optó por la libertad. Esto no quiere decir que defendamos la permanencia de España en el retraso histórico. Las Cortes de Cádiz no tardarían mucho en redactar la más moderna y avanzada constitución de su tiempo, con un importantísimo recorte de poder a la monarquía y a la Iglesia. Defender Cadiz era defender la modernidad para una España en guerra, y aunque nos pueda doler a los defendemos el levantamiento, lo cierto es que ni en el Madrid de 1808 ni en el resto de España a lo largo de la guerra, se defendió en momento alguno la reforma del Estado y su transformación en un Estado más parecido al liberal.

Que ahora intenten convertir el 2 de Mayo madrileño en un acto de heroico patriotismo o de reclamación de la maltrecha nación española es todo un ejercicio de ingeniería comercial. No fue un acto de heroico patriotismo, y la vida de las más de cuatrocientas personas que fueron asesinadas (la dignidad para las víctimas, si los franceses quieren dignidad para sus muertos éstos no deberían haber ido armados y a caballo) se entregó en defensa de la propia libertad y de un modelo de vida anterior. El nacimiento de una nación rara vez tiene una fecha concreta en el tiempo, y la reclamación de hechos, a menudo penosos, que inyecten una dosis de vitalidad a esa nación es de costumbre casi obligada. Cualquiera puede inventarse una nación, cualquiera puede adaptar los hechos históricos a la promoción de esa nación. No es un trabajo meritorio. Sin embargo, lo difícil es apreciar los hechos tal y como se desarrollaron y darles su justo valor. Ese es el desafío de este bicentenario.

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