Tras la fallida Primera Guerra del Golfo, que Estados Unidos ganó a su manera, Bush padre tenía pocos argumentos a su favor en la dura campaña que le enfrentaba a Clinton. El candidato demócrata se dedicó a castigar la política económica y social del Presidente republicano, haciendo mella en las incertidumbres que Bush era incapaz de resolver. Una brillante campaña que llevó al primer Clinton a la Casa Blanca (veremos si hay una segunda).Tras cuatro años de gestión, en los que el Presidente demócrata consiguió reflotar las cifras macroeconómicas, la campaña de reelección de 1996 que le enfrentaba al republicano Bob Dole, parecía cosa hecha. Y así fue. Dole no dudó en acusar a Clinton de ser un mujeriego pendenciero, señalando a Jennifer Flowers como una de sus amantes (no le hizo falta un recorte de revista del corazón como a Sebastián). Un tema que no encontró la acogida que esperaba entre los ciudadanos y que, por lo tanto, terminó diluyéndose. En esta estrategia negativa, el candidato republicano continuó con toda una serie de ataques a la política demócrata en todos los frentes posibles, la educación, la sanidad, la política exterior... Sin dejarse ni uno sólo que pudiera resultar especialmente polémico, como las contribuciones a la campaña de Bill Clinton que realizaron personas que vivían fuera de Estados Unidos y que nunca terminó de aclararse.
Ante la estrategia de ataque que los republicanos seguían, los demócratas decidieron realizar una campaña en positivo. En primer lugar porque estaban gobernando y, en segundo lugar, porque la llegada de Clinton al poder se acompañó de una cierta esperanza de cambio en una sociedad un tanto gris y deseosa de recuperar ciertas esperanzas de grandeza del pasado. Y qué mejor grandeza que la económica. Los jefes de campaña de Clinton eran conscientes de la necesidad de ganar el bolsillo de sus electores para ganar las elecciones. Y por eso no lo dudaron un instante. Se pusieron manos a la obra con la firme decisión de adelantar a los republicanos. Tradicionalmente en Estados Unidos existe la idea de que en los temas económicos los republicanos suelen actuar con mayor acierto, sobre todo de cara a los contribuyentes, a los que se les suele devolver el dinero tras realizar el balance económico (en caso de ser positivo, se entiende). Mientras que, en caso de tener un saldo positivo, un Presidente demócrata, jamás devolvería el dinero a los contribuyentes con la idea de reinvertir el superávit en otros programas (vean el “El ala oeste de la Casa Blanca”).
Es por ello que las medidas que los demócratas proponían se circunscribieron dentro de la estrategia más puramente republicana, con propuestas como la reducción del déficit o la reforma fiscal. Coletillas habituales del Partido Republicano, y que se apostillaron con la lucha contra el crimen con la dotación de más policía y la formulación de políticas de intervención en aquellas zonas más deprimidas y que consistían, principalmente, en programas educativos. Medio ambiente, fondos para la ayuda contra el cáncer de mama… una campaña llena de temas positivos que se contraponían a los ataques republicanos y en la que se eliminaron dos temas polémicos, la incorporación de los homosexuales en el Ejército y el aborto. El primero lo retiró nada más iniciarse la campaña y el segundo simplemente se obvió, cosa que también hizo Dole.Lo realmente inteligente de la campaña demócrata no fueron sus propuestas, pues pocas o ninguna tuvieron un gran impacto en los años de gobierno del segundo mandato de Clinton. El mayor acierto de los jefes de campaña fue el seguimiento constante de la campaña republicana y la contraposición de propuestas positivas a los ataques de Dole, llevando siempre la iniciativa de la campaña. Es decir, dejando ver quien manda.
El Partido Popular se precipitó a la hora de anunciar su reforma fiscal. La exención en el pago del IRPF de los mileuristas es, sin duda, una propuesta acertadísima, pero no a tres meses de las elecciones. El Gobierno, que cuenta con la ventaja de gobernar, nada despreciable esta ventaja, ha tenido el tiempo suficiente para contrarrestar ese anuncio con el nombre de Solbes como Ministro de Economía. Nombre que el PP trató de amortiguar con la incorporación de Pizarro a la política, cómo si pudiese ser noticia esa incorporación cuando al día siguiente das de baja de las listas al Alcalde de Madrid. Y tras esto, el PSOE anuncia la devolución de 400€ a todos los españoles. Una medida electoralista, sí. ¿Pero no estamos en elecciones? Ah, bueno. Pues eso, que en estos días de promesas y rosas (no es un guiño al PSOE, en sólo una variación del vino y rosas), lo normal es prometer por doquier. Mucho más en materias económicas, rompiendo con la habitual relación, que como hemos visto en el caso de Estados Unidos, dice que los gobiernos de derecha son mejores para la economía y los de izquierda para las cuestiones relacionadas con los derechos.
Poco importa que el reparto de los dividendos suponga un cuarto del superávit español en unos tiempos de crisis. Total, la rebaja fiscal que el PP propone es más o menos similar en términos contables. Lo más importante, en el momento en el que nos encontramos, es llevar las riendas de la agenda pública y, hasta la fecha, el PSOE está realizando una brillante campaña en este sentido, mucho más si la está haciendo al estilo “económico de la derecha”. Hemos dicho a menudo, que el Gobierno, desde el año 2004, no había disfrutado ni un sólo instante de la titularidad del debate público, siempre en manos de los populares. Es por ello que esta estrategia bien construida en los tiempos y en las formas, le está ofreciendo una alta rentabilidad. Mucho más allá de las opiniones de algunos analistas volcados en el sectarismo y no en el pragmatismo de los hechos. Insisto, y no me sean cínicos (como Gaspar Llamazares que dice que esto más que una campaña electoral parece una campaña de marketing, más tonto y no nace), se trata de ganar las elecciones, no de gobernar, al menos no hasta que se gane el poder. Luego ya se verá lo qué se hace. Y el partido mejor preparado para afrontar la crisis económica que nos acecha y de la que no se va a librar nadie.Puede que por todo esto el PSOE empiece a remontar en las encuestas que se publican (en las de consumo interno ya lo había hecho hace algún tiempo, según me cuentan los bien informados). Mal pinta la cosa para los populares que necesitan pronto un hit que les meta en campaña. Que ni Pizarro ni los chicos del canon tienen el suficiente tirón, al contrario que los manidos recordatorios de los socialistas a la guerra de Irak o al Prestige (incluidos en el librito de Pepiño para la campaña) que están consiguiendo que, en encuesta, aumenten la participación, lo que está beneficiando al PSOE en su intención de voto.
Rajoy no tendrá mas remedio que echar toda la leña en los debates televisados y bordar sus intervenciones para que ese 5-10% que dice decidir el voto gracias a estos encuentros, caiga de su lado y pueda disfrutar de alguna opción en, lo que parece, será su último combate. No obstante, y para no perder la tradición de este blog de poner postillas a las postillas, aún queda casi un mes y medio para la campaña: busquen, comparen, y si encuentran algo mejor, quédenselo.

Etiquetas: analisis, elecciones, Elecciones Generales 2008, estrategia








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Se habla en numerosas ocasiones de esta incorporación de las mujeres a la política, pero en poco casos se habla de qué tipo de mujeres acceden a la misma. Sin miedo a resultar políticamente incorrecto, nunca se castigaría a un hombre atractivo por dedicarse a la política. Un aspecto seductor, e incluso algo frívolo, no sería entendido como algo excesivamente negativo si a los electores les atrae. E inclusive, si un hombre fuese horrendo, se buscaría la estupenda virtud de ser un gran gestor para justificar que un tipo tan feo estuviese en primera línea de la acción. Sin embargo, en el caso de las mujeres, un aspecto excesivamente atractivo es de casi obligada penalización. Y si fuese una mujer horrenda, los chistes serían miles. Más allá de las capacidades reales que puedan aportar unos y otras.



