En la Teoría de la Organización existen dos conceptos fundamentales, la organización formal y la organización informal. La formal fue tratada en los inicios de esta disciplina por la mayor parte de las vacas sagradas de los especialistas en la materia. Sin duda, el más destacado, Max Weber. Esta parte se dedicaba al estudio y desarrollo de una organización puramente formal. Todo en la estructura ocupaba un lugar y no podía salirse del mismo. Un estadio muy primitivo que casi no reconocía el factor humano como algo significativo dentro del organigrama. Si alguien desempeñaba un cargo, y tenía un poder, éste lo ostentaba en función del lugar en la estructura que ocupaba. En ningún caso por su persona. Siempre por el puesto desempeñado.Con la evolución en este campo de estudio, algunos académicos empezaron a experimentar una serie de variables dentro de la estructura de las organizaciones. Ni que decir tiene que todo este interés se debía a un intento de mejorar la productividad de las fábricas. Es por ello que el experimento más relevante en este sentido se realizó en la Western Electric Company. Elton Mayo, sociólogo, quería averiguar cómo afectaban el cambio de condiciones del entorno al rendimiento de los trabajadores. Reunió a un grupo de obreros y los aisló en una sala aparte. Allí les subía y bajaba de temperatura, de intensidad de luz, ruidos, cambios de procesos productivos, etc. Al final del experimento comprobó que la productividad del grupo había aumentado indistintamente de las variables. Extrañado por el suceso reparó en la observación y se dio cuenta de que al entrar en aquella sala, tenía un grupo de trabajadores que casi no se conocía, mientras que al final de las pruebas habían trabado algunas amistades. Todos ellos tenían un trato más o menos familiar e incluso se veían fuera del trabajo en reuniones sociales. De este modo pudo comprobar que el elemento más importante para aumentar la productividad de aquel grupo fue, precisamente, hacer un grupo. Había nacido la organización informal, es decir, una organización paralela a la formal y que no atiende procesos de jerarquía sino de relaciones humanas. De este trabajo de Mayo se derivó la Escuela de las Relaciones Humanas y se empezó a perfilar las organizaciones desde un punto de vista mucho más real. En lugar de acudir a los organigramas, que podían resultar un tanto ficticios, se recurrió a los sociogramas, auténtica radiografía de las relaciones personales dentro de la organización y que ponían de manifiesto los auténticos flujos de poder.
Es por ello que resulta tan importante la parte informal para entender las organizaciones. Es en este sociograma, alejado de la rigidez de la estructura formal, donde sucede lo realmente interesante. Quizás por ello, en unas organizaciones tan complejas como los partidos políticos, acudir a lo informal sea tan divertido. En algunas ocasiones nuestros políticos nos facilitan las tareas de investigación y acuden a la prensa para darnos titulares y pistas de cómo está la cosa. El último en hacerlo ha sido el lamentable Presidente del Congreso de los Diputados que tenemos. José Bono ha dicho que los de su partido, en relación con una plaquita a una monja hecha mártir y santa por su persecución en la Guerra Civil, son unos hijos de puta. Nada que no piensen de él los mentados, probablemente. Pero más allá de lo evidente, qué quiere decir esto. Porque si atendemos a lo explicado en los párrafos anteriores, ese quitarle importancia que ha manifestado el Presidente, diciendo que era una conversación informal y sin trascendencia, no tiene tan poca importancia. Es el Bono auténtico el que ha dicho que sus compañeros son unos hijos de puta, o lo es el institucional que reparte parabienes en el Congreso. Pues si me obligan a contestar, me quedo con el primero.Es precisamente en estos espacios de informalidad en los que los políticos se muestran como son. Con sus miserias y sus grandezas, que también las tienen. Y no es nada nuevo que Bono tenga una muy mala relación con la mitad de los diputados de su grupo. De hecho la tiene con la mitad del nuevo socialismo, que le ven como un dinosaurio del pasado, populista, paleto y medio gilipollas. Por eso, más que un desliz, esto es una declaración en toda regla, y que apechugue con lo dicho. Del mismo modo en el que Rajoy habló por boca de la mayoría de los españoles al decir que el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre era un coñazo. Lástima que luego tuviera que encorsetarse y echar balones fuera. Porque el sociograma, en el caso de los políticos, sólo sirve para un “micrófonos abiertos”. Lo que viene siendo una pillada con el carrito de los helados.
Etiquetas: actualidad, elton mayo, max weber, teoría de la organización











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¿Qué quieres que te diga? El Elton Mayo no me parecía muy listo. Quizás si hubiera trabajado con otros científicos sociales, en lugar de quedarse solo jugando con los obreros, no le habría hecho falta ponerse la bata blanca de investigador para realizar tan evidente teoría.
El buen experimento empieza por uno mismo.