Con las habituales técnicas del bolígrafo y los gráficos, llegó la hora de la verdad, que no pudo ser más surrealista. Como si se tratase del video electoral, pero más largo, un mayestático Rajoy empezó un discurso que parecía el de la hija de Fernando Fernán Gómez agradeciendo uno de los Goya que ganó su padre (búsquenlo en youtube que seguro que está). Mal o peor. Entonando de memoria donde le había marcado las pausas y mirando continuamente fuera de plano, suponemos que al cronómetro. Pero la cosa no mejoraba, aunque era el discurso inaugural fuera del debate, el par del popular no andaba mucho más fino. Aunque el discurso de Zapatero estaba mejor trenzado, y contaba con el peso institucional, la delgadez del Presidente no le favorecía demasiado, parecía una cabeza parlante. Y los que apostaban por una cosa fina se equivocaban, en este primer turno no lo dudó y se fue a por la Oposición en la lógica de “la mejor defensa, es el mejor ataque”.
Más tarde empezaron con los bloques temáticos. El primero, la economía. Rajoy se desvinculó del fracaso Pizarro como fenómeno mediático y prefirió centrarse, de manera acertada, en las preocupaciones de la gente de la calle, el coste de la vida, etc. Ante esto, Zapatero reaccionó adecuadamente y trajo el recuerdo del redondeo del euro como uno de los principales factores de subida de los precios y que tuvo lugar durante el gobierno del PP. Y buen recuerdo, de réplica, el de la situación económica que encontró el PP cuando accedió al gobierno y los logros de la convergencia europea que obtuvieron, reforzando la imagen de buenos gestores de los populares. No obstante, y aunque los debates económicos son lo que son, y ya hemos hecho referencia en fechas anteriores, el peso del Gobierno se ha notado y hasta se ha permitido, el Presidente, evitar la referencia a la crisis económica con él hablando de recensión mundial. Nada en España. Es cosa del mundo. Brillante salida.
La inmigración ha sido una de las cuestiones principales que los populares persiguieron en el orden del debate y que colaron a costa de renunciar a otros privilegios en los acuerdos de este debate. Los inmigrantes no votan y los españoles sí, y de manera mayoritaria, estos últimos, no se han mostrado muy en desacuerdo con el famoso contrato que proponen los populares. Zapatero intentó zafarse pero Rajoy sabía que esta era una de sus bazas y volvió rápidamente al tema exponiendo hábilmente sus argumentos en una línea política que, sus detractores, vincularán con la extrema derecha. Ya veremos. El Presidente esperó a los turnos finales para colocar el aguijón y que Rajoy no tuviese réplica, pero éste ya tenía prevista las contestaciones de Zapatero y siguió como si nada.
Política exterior y seguridad, vamos, ETA. La negociación se dejó para antes de la publicidad. Más de lo mismo. Nada que no se hubiesen dicho antes. Galvanización de los votantes y poco más. Es tan poco original los términos y conceptos utilizados que sería perder el tiempo recordarlos. Únicamente el carrito de los helados pilló a Rajoy en un par de referencias, del mismo modo en el que el político popular empleó toda su contundencia en sus intervenciones finales.
Tras la publicidad empezó el debate en serio. Política institucional y retos del futuro eran los temas pero poco importaban las cuestiones de las que se tratase. Empezó el cuerpo a cuerpo y Rajoy se encontró mucho más cómodo. Zapatero es más teatral y domina mucho mejor los discursos, por lo que las intervenciones del primer bloque, así como la final, le favorecían. Sin embargo, el popular domina más el arte parlamentario y se notó. Rajoy fue creciendo en el segundo tramo del debate, dando una cierta sensación de recuperación. Sólo en los instantes finales, en mi opinión, la cagó con la referencia a la agresión del Presidente a las víctimas del terrorismo, eliminando la imagen más moderada que estaba ofreciendo hasta ese momento.
El tema ETA no lo ha esquivado el Gobierno. Zapatero saca pecho de las negociaciones y arroja el tema contra el PP acusándolo de deslealtad. Así acorta el peligro de enfrascarse en ello. Inteligente estrategia. Como la que también siguió Zapatero y que consistía en interrumpir a Rajoy en el habitual intento de cortar el ritmo, buscando la pérdida de guión de un Rajoy que se lo llevaba bien aprendido, aunque poco paciente, pues terminó intentando devolverle la moneda. Del resto, pues poca cosa más. Mucho recuerdo a la Legislatura pasada, poco o nada programa, todo muy medido, una fórmula de debate que permite pocas alegrías… seguimos a años luz de Estados Unidos, y no parece que ni nos acerquemos a Francia y los brillantes Sarkozy-Royal. Lástima.
Fuera de este tipo de consideraciones, no podemos pasar por alto una obviedad, y es que todos los medios han hecho sondeos y encuestas para que todos los españoles podamos conocer la respuesta a quién ha ganado el debate. Sí, el debate no lo ganará el político que mejor nos parezca o el que creamos que mejor debate. Gana el que los medios digan. Quiero decir, el medio que leemos, claro. El resto es historia. Si a este hecho le sumamos una contención absoluta por no perder a un votante, que hacia que los dos políticos estuviesen de lo más plano, la cosa está poco clara. Yo no hablaría tanto de una victoria arrolladora como de, quizás, una victoria por la mínima entre los votantes del que más nos guste. Así de sencillo. En esta ocasión, más que nunca, ganadores poco o nada. Al menos en mi opinión. Nada de debate y mucho de mitin a los electores de cada uno de los partidos, es decir, más galvanización. Esperando a una segunda parte.
Como apunte final, y en los habituales detalles que la prensa comentará y machacará: Zapatero, en su salida, no se paró con la prensa y se metió en el coche con un gesto más o menos serio. (Reproche que le hicieron a Aznar en su segundo debate con González y con el que le atribuyeron su derrota.) Rajoy marchaba alegre, se paró con la prensa y se fue saludando. Y como colofón de la imagen triunfalista con la que el PP intenta bloquear los sondeos o encuestas que puedan ir en su contra, la llegada fiestera de Rajoy a su sede de la calle Génova, más parecida a la victoria de unas elecciones que a los momentos posteriores de un debate electoral sin un claro ganador. No desprecien estos detalles, que son los fundamentales y el PP los ha preparado muy sabiamente, comenzando la adecuada venta o postventa del debate. O qué piensan, qué lo importante es el contenido...
Etiquetas: debate, Elecciones Generales 2008








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Espectáculo es su más burdo y situacionista término. El Pre-Debate, el Debate y el Post-Debate. Faltaba el Hugo Gatti para hacer los comentarios y Josep Pedrerol peleándose con él.
Personalmente vi a un Rajoy que empezó soberanamente mal y terminó dominando la mesa. Y a un Zapatero que se llevó de calle la primera mitad, cayó en la segunda aún sin terminar de besar la lona. Que se pusiera insuperablemente machacón para conseguir del moderador un turno de réplica por la acusación de haber vendido a las víctimas del terrorismo, es lo que le salvó de la quema. Es de esperar que el próximo lunes el que más ataque sea Zapatero debido a los turnos de preguntas.
Y poco más.