01 enero, 2008
1808-2008
Este año que empieza se celebrará en Madrid, y en toda España por extensión de lo que significa, el bicentenario del madrileño Levantamiento del 2 de Mayo. La fecha que supuso el inicio de la Guerra de la Independencia, conocida por los historiadores franceses y afrancesados como una guerra de sucesión dinástica, será objeto de auténtica veneración por muchos y de auténtico pasotismo por otros cuantos. Tanto para esos unos como para esos otros, la memoria del 2 de Mayo de 1808, en lo que puede convertirse en un nuevo año Quijote, será de obligado recuerdo por, en mi opinión, más lo que pudo ser que lo que lamentablemente fue. Las instituciones se ponen las pilas y no dejan pasar la ocasión de promocionar iniciativas y, ya de paso, hacer algo de caja electoral. Da igual que las elecciones sean en marzo, conceptos como el “patriotismo”, “reivindicación de la nación” o “lo que nos une”, ya han empezado a salir de la boca de muchos políticos en clara crítica a los rivales. Pero más allá de la mera publicidad la Comunidad de Madrid, como es lógico por tratarse de la región clave en el estallido de las revueltas, Madrid capital, como de la declaración de la guerra, Móstoles (que hasta hace unos años seguía formalmente en guerra con Francia), prepara una serie de actividades que incluyen una serie documental dirigida por Garci y la creación de una Fundación. A este programa, se le une los dispuestos por la Comisión Nacional de la que forman parte las ciudades protagonistas de los acontecimientos de mayo y de los principales sucesos de la Guerra de la Independencia, tales como Bailén o Zaragoza. Todo un despliegue que nace con la acertada voluntad de cubrir el período de 1808 a 1812, es decir, de 2008 a 2112.

Por mucho que se empeñe Arturo Pérez Reverte y otros arribistas, el pueblo de Madrid en ningún momento se levantó en armas en nombre y en defensa de la monarquía borbónica. La Restauración no estaba en la mente de aquellos que estaban siendo oprimidos por el ocupante francés. Hambrientos, detenidos sin motivo alguno, vejados, agredidos… cuando aquel 2 de Mayo de 1808 el pueblo de Madrid supo que el último de los Infantes, Francisco de Paula, era trasladado, se congregó ante las puertas de Palacio para protestar por la eliminación del último vestigio de un Madrid libre. Los gritos de “nos lo llevan” no respondía a la defensa de una Institución familiar sino la pérdida de la última huella de un Madrid no ocupado, de un Madrid que si bien no era la joya de la corona que muchos pretenden, al menos si era una ciudad libre (en la justa medida de lo que puede entenderse por libre en el siglo XIX). ¿Cómo iba levantarse en armas por un rey que había entregado su trono al ocupante y que disfrutaba de un exilio dorado al abrigo de su admiración por el Emperador Napoleón?

Claro está, y soy el primero en admitirlo, que las medidas modernizadoras que traía José I (Bonaparte) habrían colocado en pocos años a España en el siglo XIX, alejándose del tradicional atraso. De hecho, las medidas adoptadas en este sentido en su corto período de poder supusieron todo un avance. Sin embargo, su conducta, y la de sus compatriotas ocupantes, especialmente la de Murat, distó mucho del modelo pretendidamente ilustrado que encarnaban. Es por eso que la única posibilidad que le quedaba a los madrileños era revelarse contra aquellos que represaliaban al pueblo y abusaban de él. El levantamiento no lo protagonizaron los militares, la Corte o los políticos, lo protagonizaron los panaderos, artesanos… y sobre todo, las mujeres (la mayoría de las víctimas fueron mujeres). Frente al modelo pretendido se optó por la libertad. Esto no quiere decir que defendamos la permanencia de España en el retraso histórico. Las Cortes de Cádiz no tardarían mucho en redactar la más moderna y avanzada constitución de su tiempo, con un importantísimo recorte de poder a la monarquía y a la Iglesia. Defender Cadiz era defender la modernidad para una España en guerra, y aunque nos pueda doler a los defendemos el levantamiento, lo cierto es que ni en el Madrid de 1808 ni en el resto de España a lo largo de la guerra, se defendió en momento alguno la reforma del Estado y su transformación en un Estado más parecido al liberal.

Que ahora intenten convertir el 2 de Mayo madrileño en un acto de heroico patriotismo o de reclamación de la maltrecha nación española es todo un ejercicio de ingeniería comercial. No fue un acto de heroico patriotismo, y la vida de las más de cuatrocientas personas que fueron asesinadas (la dignidad para las víctimas, si los franceses quieren dignidad para sus muertos éstos no deberían haber ido armados y a caballo) se entregó en defensa de la propia libertad y de un modelo de vida anterior. El nacimiento de una nación rara vez tiene una fecha concreta en el tiempo, y la reclamación de hechos, a menudo penosos, que inyecten una dosis de vitalidad a esa nación es de costumbre casi obligada. Cualquiera puede inventarse una nación, cualquiera puede adaptar los hechos históricos a la promoción de esa nación. No es un trabajo meritorio. Sin embargo, lo difícil es apreciar los hechos tal y como se desarrollaron y darles su justo valor. Ese es el desafío de este bicentenario.

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publicado por Øttinger a las 6:59 PM | Enlace permanente |


2 Postilla (s):


A las1:49 PM, enero 04, 2008, Blogger C.C.Buxter

La conmemoración del 2 de mayo debería ceñirse a lo puramente histórico, pero mediando dinero público y unas elecciones generales de por medio va a ser difícil.Confiemos al menos en los historiadores...

"¿Cómo iba levantarse en armas por un rey que había entregado su trono al ocupante y que disfrutaba de un exilio dorado al abrigo de su admiración por el Emperador Napoleón?" Lo más triste es eso: que en la época en la que probablemente España ha tenido a los reyes más infames y cobardes de su historia, el pueblo se desvivió por ellos. Mientras Fernando VII se comportaba rastreramente en Valençay (hasta Napoleón sentía vergüenza ajena), aquí se suspiraba por "el Deseado", al que luego se recibiría con los lamentables gritos de "vivas las caenas" y se jalearía su decreto de 4 de mayo de 1814. Incluso en la Constitución de 1812 (que, como dices, fue la más moderna del momento, paradigma de posteriores movimientos liberales tanto europeos como americanos) se defendía sin tapujos a Fernando VII como monarca indiscutible.

Vista hoy, la guerra de independencia se muestra como una de tantas oportunidades que España perdió en el siglo XIX para subir al tren de la modernización. No sólo fue una guerra contra el extranjero de la que resultaron vencedores los españoles, sino también una guerra entre españoles de la que resultaron vencedores, como casi siempre, los más reaccionarios.

 

A las1:59 PM, enero 05, 2008, Blogger Øttinger

Efectivamente, los reyes más infames empezaron a llegar en essa época. Totalmente de acuerdo contigo en todo, aunque en la Constitución de Cádiz, en la que se ponía a Fernando VII como monarca indiscutible, cosa lógica si tenemos en cuenta lo cuetionado de su reinado desde el mismo momento en el que su padre le cedió el huerto, tenía unas funciones limitadas que lo alejaban del Absolutismo que no tardaría en reclamar.

 
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