
Venga va, hablemos del nuevo periódico. Hecho curioso este, el que salga a la calle
un nuevo periódico de izquierdas (o progresista, como dicen los modernos) con el nombre el “Público”. En esto de la prensa escrita España era un país de lo más curioso, en el que se contraponían dos modelos diferentes en el ámbito político-mediático. Por un lado nos encontramos con varios medios de comunicación y grupos multimedia (de distinto tamaño y potencia) en la derecha. Una multiplicidad que no se traduce en el plano político, donde sólo existe un partido conservador de ámbito nacional (dos grandes partidos en el caso de Cataluña, con CiU, o el País Vasco, con el PNV). Al tiempo en el que sólo existe (hasta la fecha) un único gran grupo multimedia a la izquierda, PRISA, que hasta ahora controlaba todo, o casi todo, el negocio (y cuando digo negocio no es peyorativo, los medios son empresas como cualquier otra). Mientras que esta unidad mediática se contraponía con una multiplicidad política, con varios partidos de izquierdas en ámbito nacional (y mucho más si descendemos a las autonomías). Por tanto, la aparición de este nuevo medio ha roto la mirada mediática de la izquierda española. Independientemente de que los responsables hablen de su intención de generar nuevos lectores, a nadie se le escapa que el principal periódico al que puede robar lectores es a
El País. Puede que le quite algún lector a
La Razón, pero está claro que no se encuentra en ese público su principal nicho de mercado.
Al margen de la novedad, más que anunciada por el método “
bombo y platillo”, la puesta de largo de este periódico evidencia, algo también de lo más evidente, la voluntad de este grupo de comunicación de crear un gran grupo multimedia al estilo Recoletos o PRISA. Puede que por ello ya se anuncie (rumoree) la intención de fundar (o comprar) una emisora de radio para cerrar la cuadratura del círculo. Una circunstancia que depende de la concesión de la correspondiente licencia por parte del Gobierno, que suponemos no tendrá mayor reparo. Otra cosa es lo que opine la competencia, especialmente lo que opine la máxima competencia. Fundamentalmente porque el nuevo inquilino de la izquierda periodística viene precedido por una
interesante guerra por los derechos televisión de la Liga de Fútbol. Una batalla en la que PRISA sabe que tiene las de perder (el próximo año MediaPro se queda con la mayoría de los derechos de los clubes) y en la que lucha con uñas y dientes. Una guerra en la que, lejos de causar alarma social como proclamaba la Liga, se pone de manifiesto la confrontación entre el que tiene la tarta y el que pide un pedazo y tiene liquidez para hacerse con el mercado de la única manera en la que uno puede enfrentarse al que más tiene, comprando más caro y comprándolo todo. Y así hasta que te haces con los derechos en exclusiva del Mundial de fútbol, el EuroBasket, la Fórmula 1, la Liga, las Ligas Mundiales de Petanca… y dejas tras de ti un reguero de cadenas que antes emitían esos espectáculos y que ahora se la guardan para tiempos mejores.
Jaume Roures, responsable del nuevo grupo, podría convertirse en el nuevo
Jesús Polanco: el objetivo de la derecha mediática, el gran enemigo. Aún es pronto para comprobar la repercusión política más allá de la izquierda, entre otras cosas porque La Sexta no la ve ni
El Tato y es muy pronto para ver la aceptación de el
Público como creador de opinión, pero parece que algunos ya toman notan e incluso pasan de los clásicos chascarrillos del
Imperio para centrarse en MediaPro y la vinculación con la conocida como
La Caixa “B”. ¡Tenemos nuevo enemigo! La izquierda catalanista independentista. Lo que sería todo un descanso para los oídos de PRISA sino se tradujese, muy por encima de la ideología, en una enorme pérdida económica. Y lo que es más grave, la pérdida del acceso a La Moncloa. El Presidente ya no escucha con atención las necesidades que su grupo de confianza le transmite. Por mucho que el director de
El País le inquirió en la
entrevista que le realizó el pasado mes (con el consiguiente refresco de los favores de PRISA y los favores que podrían venir), éste paso olímpicamente, y eso que no tenía
logo ni perro que le ladrase. Zapatero apuesta por nuevos amigos y no sabe cómo echar del salón de su casa a los viejos sin que se note y sin que dejen de pagar su cuota.

No podemos culpar a Zapatero de bendecir este incipiente conglomerado de medios con una súper exclusiva del hombre que rompió la tregua (el rostro del nuevo jefe de ETA). Un empuje para hacer lo más habitual, rodearte de corrientes de opinión favorable que te sirvan de soporte en la clásica función de los medios de comunicación: la socialización (qué gran clásico el de la
aguja hipodérmica). Todos los gobiernos han fomentado la formación y consolidación de conglomerados de medios que les apoyen. Una actitud que no se limita a la promoción de una emisora o editorial, sino que se complementa con la destrucción de los medios rivales. Ejemplos hay muchos,
las cacicadas del Gobierno de Felipe González con el cierre de Antena 3 Radio o las persecución
(vía Gómez de Liaño) de Aznar al grupo PRISA. [Al final viviremos una
alianza estratégica entre NewsCorp y PRISA para cargarse a MediaPro, tomen nota.] Puede que los responsables del
Público insistan en la inexistencia de opinión, que han renunciado a las editoriales. Todo porque quieren destacar las noticias y la información por encima del resto en un homenaje a la magnificencia periodística del auto-bombo. Una pretensión que no deja de tener gracia ya que, como buenos periodistas que son, seguro que son conscientes de que para formar opinión no hace falta poner a un columnista de la casa a producir chascarrillos sobre el político de turno en la firma editorial. Sólo es necesaria la aplicación de tres sencillas reglas: la selección de noticias, es decir, el revelado de la realidad según el
Público; la redacción del titular y el texto, donde el sesgo subjetivo marca impronta; y por supuesto, el formato en el que se presenta, mucho color y grandes letras… habitual de la prensa sensacionalista o de la prensa sensacionalista y gratuita, como
20 Minutos, por ejemplo [guiño, guiño –a mi mismo- guiño, guiño].