29 agosto, 2007
Noticias y realidades
La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias”. Abbott Liebling

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24 agosto, 2007
La guerra de los mundos
Sólo es noticia aquello que alguien quiere ocultar; lo demás es publicidad”. Lord Northcliffe

El autor de la citada frase (también conocido como Alfred Charles William Harmsworth) no es otro que el fundador del periódico sensacionalista Daily Mirror. Un medio de comunicación que nació con la vocación de ser el primer periódico femenino (que no feminista) del mundo y que fracasó estrepitosamente, por lo que Northcliffe enmendó la plana y lanzó el primer tabloide ilustrado europeo. Poco después lo vendería, compraría The Observer y se haría con el control del prestigioso The Times, entre otros.

Durante la Primera Guerra Mundial se puso a las órdenes de Lord Beaverbrook, que se encontraba al frente del Ministerio de Información del Reino Unido. Un ministerio que tenía como misión organizar la estrategia propagandística británica de cara al conflicto. El área de la que se ocupó Northcliffe fue la “British War Misión”, departamento que se encargó de organizar la propagada británica en países extranjeros, favoreciendo en algunos la intervención en el conflicto, como es el caso de Estados Unidos, y la destrucción de la moral y la promoción de las deserciones en las tropas y población enemiga. Para esta última labor el magnate de la prensa contrató al escritor H.G. Wells, a quien colocó al frente de la división alemana. Sobre su labor Hitler escribió en Mein Kampf: “En el año 1915, el enemigo comenzó su propaganda entre nuestros soldados. A partir de 1916 continuó más intensivamente, y en el inicio de 1918 se transformó en una nube negra. Uno puede ver ahora los efectos de la seducción gradual. Nuestros soldados aprendieron a pensar como el enemigo pretendía. Alemania falló en reconocer la propaganda como un arma de primera utilidad, donde los ingleses la utilizaron con gran pericia y genial deliberación”.

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19 agosto, 2007
Tories televisivos

Vivimos en la era de la televisión. Una sola toma de una enfermera bonita ayudando a un viejo a salir de una sala dice más que todas las estadísticas sanitarias”. Margaret Thatcher

La político conservadora británica no podía estar más acertada ni ser más precisa en el diagnóstico de un modo de hacer política que, en aquella época, sólo empezaba a desarrollarse. Bueno fue el truco que empleó la Dama de Hierro para convencer a la opinión pública de que el recorte en los servicios sociales de eso en lo que los británicos sacaban pecho, el Estado de Bienestar, era una mera invención de la oposición y los críticos con su recta gestión.

Bajo estas líneas, y a modo de muestra de la ingeniería publicitaria tory, el cartel que sirvió de base en la campaña de 1979 en la que Thatcher fue elegida como Primer Ministro del Reino Unido. Un juego de palabras que traducido significa algo así como “Los laboristas no funcionan” (“labour” – trabajo, “work” – trabajar o funcionar), que se sitúa como uno de los grandes hitos de la publicidad política y que fue contestado por los laboristas 25 años después. Réplica que tuvo lugar durante la campaña de reelección de Tony Blair y que se formuló bajo el eslogan: “Britain is working. Don't let the tories wreck it again”.

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13 agosto, 2007
El medio es la televisión
La televisión rompió el confort de los cuartos de estar con la brutalidad de la guerra. Vietnam se perdió en ellos, no en los campos de batalla”. Herbert Marshall McLuhan

Sociólogo canadiense especializado en cuestiones relativas a la comunicación que se destacó por el estudio de los canales a través de los cuales se comunicaban las personas. Su máxima “el medio es el mensaje” suponía un reconocimiento de la importancia en la penetración de los mensajes del medio por el que éstos eran transmitidos. Como la extensión de la información con la imprenta de Gutemberg, la radio con Hitler o la televisión con la guerra de Vietnam. [Otra muestra es la magnífica portada de la prestigiosa revista Life]


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07 agosto, 2007
La memoria de las masas
Sólo la repetición constante puede lograr finalmente que una idea quede grabada en la memoria de las masas”. Adolf Hitler

Sí, está es la original. Aunque muchos hemos oído la versión de Joseph Goebbels, “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, coreada hasta la extenuación por políticos y periodistas según su conveniencia, lo cierto es que la original era del jefe del maestro de la propaganda. Fue Hitler el primero en pronunciar: “Sólo la repetición constante puede lograr finalmente que una idea quede grabada en la memoria de las masas”. Premisa que Goebbels entendió a la perfección y que se ocupó de perfeccionar en una maquinaria propagandística que pocos han podido igualar.


Discurso de Adolf Hitler a las Juventudes Hitlerianas en el Congreso del Partido Nacionalsocialista de 1934 celebrado en Núremberg. Tomado del documental propagandístico de Leni RiefenstahlEl triunfo de la voluntad” (Triumph des Willens). La presentación corre a cargo de Baldur von Schirach, encargado del adoctrinamiento de la juventud alemana.

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02 agosto, 2007
Yo pondré la guerra
Usted ponga las ilustraciones, yo pondré la guerra”, William Randolph Hearst.

Gran frase del magnate de la prensa de finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. No obstante, no puede citarse como un ejemplo de la publicación de la información bélica en los periódicos lejos del oscurantismo que rodea todos aquellos conflictos que no salen en los medios. Esta frase no da luz sobre las víctimas inocentes, no denuncia a la Sociedad Internacional crímenes de guerra, etc. esta frase se constituye como parte del código deontológico profesional de gran parte de la prensa mundial y de los magnates que la dirigen. En este caso, corría el año 1898, que además de ser un magnífico año literario, la historia tiene una anotación en la cuenta de colonias españolas, una anotación que indica “resta tres”. Una de esas tres era Cuba.

La auténtica joya del colonialismo español fue objeto de la particular batalla que Hearst y Pulitzer (que pasó a la historia con mucho mejor nombre) mantenían por el dominio de la prensa estadounidense. En medio del fragor de la misma y ante las noticias aburridas que llegaban desde todas partes del mundo, Hearst animó las relaciones entre España y Estados Unidos, publicando distintos dimes y diretes y algunas cartas de zoquetes diplomáticos españoles hablando de la baja figura del presidente de los EEUU y que habían sido sustraídas por revolucionarios de la zona (que hoy en día es cosa normal y de lo más cotidiana poner a parir al presidente de los EEUU, pero antes estaba muy mal visto). Hearts envió en previsión a uno de sus mejores ilustradores a Cuba para que captara todo tipo de imágenes horrorosas de las atrocidades que cometían los españoles y las publicasen en el Journal (el principal periódico de Hearst). El ilustrador le comunicó a W. R. que no había ninguna atrocidad sobre la que dibujar, “Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver”. Hearst no lo dudó y le remitió el telegrama: “Usted ponga las ilustraciones, yo pondré la guerra”.

Que mejor excusa que el Maine. Un acorazado de segunda fila de la Marina estadounidense que entró en el puerto de La Habana sin pedir permiso y que fue contestado con la entrada en la bahía de Nueva York del crucero Vizcaya de la Marina española (pa’ chulo yo, debieron pensar). Sin embargo, pese a las tensiones diplomáticas que la situación provocaba o debía provocar, las autoridades españolas de La Habana organizaron una recepción en honor de los oficiales del Maine y justo cuando la fiesta estaba en plena ebullición, fuegos artificiales en el barco estadounidense. Tocado y hundido con un resultado de cientos de muertos. A pesar de lo poco que se sabe del asunto, y de que las investigaciones serias que se han realizado no señalan a España como la culpable del incidente, los medios de Hearst lo tenían claro: “El Maine partido en dos en La Habana por un infernal artefacto del enemigo”. El resto es historia, Guerra de Cuba, pérdida de las colonias, prensa amarilla dirigiendo la política de un país, ventas millonarias de periódicos, el nacimiento de un imperio mediático… en la conocida como “La primera guerra que se inventó la prensa”. (Si les interesa el tema, no dejen de leer el libro referenciado.)

El cine ha dado grandes muestras de la jugada en formatos más actualizados y próximos como “La cortina de humo”, basada en la novela de Larry Beinhart “Wag the dog” (El perro mueve la cola), que curiosamente alude al apelativo “Perro guardián” que la propia prensa se atribuye como salvaguarda de la democracia. Pero ya que hablamos de cine, no podemos pasar por alto, tratándose de Hearst, la considerada mejor película de la historia del cine, “Ciudadano Kane” del gran Orson Welles. El único que atrevió a enfrentarse con el monstruo de la prensa hasta el punto de no sólo humillarle caricaturizándole en su manipulación periodística sino apodando a un trineo con el mismo apelativo que el magnate empleaba para designar los genitales de su joven amante.

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