La participación ciudadana ya no tiene sentido, Blanco lo ha confirmado al decir que los andaluces no han ido a votar su estatuto porque ya sabían que el resultado sería “Sí” y entonces, para qué molestarse. Es decir, que si nos sometiésemos a estos mismos criterios económicos en las próximas Elecciones Municipales y Autonómicas, como algunos de los candidatos que se presentan tienen todas las de ganar o todas las de perder, pues nos apuntamos al ahorro y suspendemos las elecciones en numerosas ciudades y autonomías. Sí ya conocemos el nombre del ganador para qué molestarnos en ir a votar.Desde el 11-M no veíamos una confusión tan grande entre un sondeo y una votación. ¿Será contagioso? Porque contextualizando o descontextualizando vilmente la declaración de Blanco, lo cierto es que no hace sino poner de manifiesto la indecente situación por la que atraviesa la política. Una situación en la que los ciudadanos ya no sirven ni para legitimar la acción de los políticos cada cuatro años o para dar fe de la norma fundamental que debe regir su Comunidad. Y quién tiene la culpa de que en Andalucía, Cataluña o donde proceda en las próximas convocatorias, la ciudadanía tenga más interés en verle pito a Harry Potter, aprender el baile que hizo en el carnaval la madre de la hija del torero o conocer el nombre exacto de las pastillas que aparece en el informe forense de la hermana de la princesa, que en la política. Todo un devenir que no debería distraer a la población de aquello que se supone es prioritario para el desarrollo de su sociedad, esto es, las normas fundamentales de convivencia (como gusta decir esto a los políticos).
Una separación de la clase política y los ciudadanos que va mucho más allá de lo aparente. La desafección política, de la que ya hemos hablado algo, no es más que la manifestación sintomática de la conquista de un modelo de sociedad a la que hace años nos dirigíamos y en la que hemos entrado por derecho propio en los últimos tiempos. Un modelo en el que los medios de comunicación han trasladado la acción política de los parlamentos a los periódicos, las radios o las televisiones. (Sin olvidarnos de youtube, imprescindible herramienta para la difamación de la grada contraria.) Un sometimiento a los medios que, contrariamente a lo que se piensa, cada vez nos informan menos. A pesar de que se suponía que con esto de la Era de la Información y la Sociedad del Conocimiento, los ciudadanos estaríamos al tanto de todo lo que pasa. Y en ese todo lo que pasa por qué no incluir la política. Pues porque no. Entre otras cosas porque tenemos una clase política que, en los pocos minutos que se dedica a este tipo de contenidos en un telediario, aparece tirándose los trastos a la cabeza con pronunciamientos sobre conspiraciones, traiciones, deslealtades y otros elementos que permanecen totalmente ajenos a las preocupaciones del día a día de la inmensa mayoría de la gente. Temas que podrían encontrar la distancia con el público debido a la elevada altura del debate, pero si uno presta un mínimo de atención y escucha lo que se dice se da cuenta que el nivel está por los suelos. Y quizá sea lo que interesa. El pasotismo total de la sociedad, preocupada por sus cosas e inmersa en el individualismo más liberal que se ha desarrollado desde el descubrimiento de la autofelación.Un modelo de sociedad que se manifiesta no manifestándose, o si se quiere decir de otro modo, no votando. Devolviendo a la clase política el desprecio (en realidad sería desprecio si se hiciese de manera consciente) que ésta parece sentir por sus electores, a los que ya disculpa por no ir a votar y a los que pronto animará a que no vuelva a hacerlo nunca. Y es de agradecer esta consideración, que así los ciudadanos quedan liberados de la toma de decisiones sobre su destino. Además, así te evitas el dolor de cabeza que te puede dar si realizas cálculos como los de Michael en su desafío de participación electoral en las próximas elecciones. Cálculos que se aproximan a la Teoría del Voto Racional, expuesta por Downs y que se resume en el siguiente planteamiento.
- Fórmula de la renta de utilidad -
E(UA t+1) - E(UB t+1)
U- Utilidad real o hipotética.
A- Partido que se encuentra en el poder.
B- Partido que se encuentra en la oposición
UA- Renta de utilidad efectiva percibida durante un período de tiempo (gobierno).
UB- Renta de utilidad efectiva percibida durante un período de tiempo (oposición).
Ui-Utilidad que el votante estima máxima que hubiera podido recibir.
E- Valores esperados.
t- el tiempo que se permanece en esa situación respecto al gobierno.
Un trabajo que puede resultar agotador y que la propia teoría resuelve con la abstención en caso de que el coste del cálculo del voto sea mayor que el beneficio que espera obtenerse. En fin, no es por aventurar análisis sin datos, que esto no es una tertulia radiofónica, pero si tenemos en cuenta el mínimo beneficio que los ciudadanos andaluces deben esperar obtener con su nuevo estatuto, o la poca expectación que deben tener, podría decirse que estamos ante la causa a tanta desidia (abstención por abandono). Caso aplicable a las próximas Municipales y Autonómicas. Porque si unimos la mínima expectativa de mejora que tenemos de nuestra clase política a la apatía generalizada que padecemos, en gran parte por los propios políticos, la estimación sale negativa en todos los casos. Habrá que encomendarse al voto ideológico para remontar la participación, que es el que se supone es determinante para los resultados electorales, y eso que las ideologías están en coma profundo desde la llegada de la televisión por satélite. Que si confiamos en la razón a la hora de votar, mal augurio le espera a más de uno.Seguirá con: “De la cesión a la abdicación de la soberanía”.
En esta misma línea, no dejen de leer la interesante entrada de Harry Reddish para Derrota Urgente.
Etiquetas: abstención, participación política, voto











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Esto pasa cuando llegas tarde. Esta tarde no se me ocurrió postear sobre Andalucía (aunque lo tenía en la recámara) y ahora con tu post y con el de Harry, sencillamente no tengo nada más que añadir.
Solo decir (y va más en relación con mi post que enlazas que con el tuyo) que uno es todavía un ¿necio? o quizás optimista y cree que algo se puede mejorar. Prefiero tener a los "míos" (la supuesta izquierda) en el gobierno, para poder hacerle la oposición a la izquierda, desde la izquierda, para poder exigirle que haga cosas de izquierdas (ya que a la señora Aguirre no puedo pedírselo)
Salud!