El
reportaje de la televisión pública belga que anunciaba, en un informativo especial, la independencia de
Flandes, la huida del rey, las manifestaciones en las calles a favor y en contra, etc. en un trabajo de creación y simulación de más de dos años de elaboración, es la excusa perfecta para recordar la célebre cita del profesor
Mcluhan: “El medio es el mensaje”. Las aportaciones sobre el determinismo tecnológico, y su implicación política, resultan fundamentales a la hora de comprender, o al menos intentarlo, algunos fenómenos que han sucedido a la largo del
siglo XX y parece que también sucederán a lo largo del
XXI.

Desde la época más oscura de la historia, la comunicación existía a través del medio artístico. Desde las primitivas paredes pintadas hasta los capitales de los claustros que advertían sobre los castigos que recibirían los pecadores. Una comunicación en la que el medio, en este último caso una columna en una iglesia, daba constancia de la autenticidad del mensaje. El medio que lo transportaba se convertía en el mensaje y en la garantía de la información que contenía. Hecho que con el desarrollo de la
Europa de la imprenta no hizo sino aumentar. El poder de la palabra impresa aumentaba al ritmo en el que las bibliotecas, panfletos, boletines… se multiplicaban.
Sin embargo, y en relación al hecho que nos trae a Mcluhan, será la radio la que evidencie la potencialidad de los medios. Muchos informativos, que se han hecho eco de lo sucedido en Bélgica, han puesto como precedente el caso de
Orson Welles. El propio profesor lo pone como ejemplo de la docilidad de los ciudadanos en su predisposición a creerse todo lo que les cuentan si el medio está reconocido como legítimo. Aunque el caso es muy conocido, lo volveremos a mencionar como una anécdota más de las muchas que contiene este blog. Corría el año 1938 y ese joven lleno de talento, carácter y gusto por la vida, que era Welles, tuvo la brillante idea de adaptar a un guión radiofónico la novela del genial
H.G. Wells[i], “
La guerra de los mundos” (¿Por qué tuvo
Spielberg que hacer caso a
Cruise y
cagarla de esa manera?). Con toda seriedad y esa voz profunda y grave que tenía el actor, pasó a la lectura de una “
información” que advertía de una serie de aterrizajes de naves extraterrestres en la ciudad de
Grovers Mill, situada en
New Jersey. La credulidad de los oyentes fue total. Asustados ciudadanos, escenas de pánico, despliegue de fuerzas del orden… nadie se preguntó si lo que contaban era verdad, sólo lo aceptaron porque confiaban en el medio.
Años antes, un señor con bigote llamado
Adolfo y otro con cara de raro llamado
Joseph (con algunos otros, pero no es plan de ponernos con una descripción de todos los miembros del
partido nazi), se dieron cuenta de la importancia estratégica que tenía el control de los medios de

comunicación, en especial de la radio. Curioso, Welles sólo mostró una pequeña muestra de lo que podía hacerse desde un medio legitimado. El partido nazi, con Goebbels a la cabeza, creó un entramado comunicativo en el que la radio se configuraba como la punta de lanza de los mensajes con los que había que persuadir a los ciudadanos, señalar a los enemigos y coordinar las acciones para su eliminación. Sin simular el descenso de ningún platillo volante, el nazismo colocó a algunos de sus mejores hombres frente a los micrófonos radiofónicos para lanzar todo tipo de proclamas con las que ir construyendo una nueva ideología para Alemania (entiéndase ideología como una forma de ver el mundo). Imágenes que se iban creando en la mente de los alemanes al tiempo en el que se reforzaban con la combinación de propaganda de cartelera, mítines multitudinarios de corte mesiánico, persecución de disidentes, acciones armadas contra la oposición… En realidad, no fueron los terribles mensajes los que convencieron a los ciudadanos, sino el medio en el que se difundían. Podríamos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que sin la radio Hitler no habría tenido un acceso al poder tan meteórico.
Para no alejarnos mucho de la década de 1930 (y siguientes) y situarnos en España, la radio también jugó un papel importante en la creación de imágenes. La
II República no supo emplear su potencialidad, de hecho y como contamos en una
entrada del 14 de abril de este año, durante los procesos electorales se prohibía la difusión de mensajes políticos que pudiesen pedir el voto. Hecho casi insólito pero cierto. Su uso estratégico deberá esperar a
Guerra Civil como medio salvaje de propaganda de ambos bandos y la postguerra en la que unos trataban de convencer de las bondades del nuevo régimen y otros recibían mensajes de resistencia y contra-información. Especial mención
Radio Moscú (emitiendo desde 1922) con sus bellas imágenes de una Rusia imaginada.

El siguiente medio que entró en juego fue la televisión. La imagen distorsiona la palabra. La anula. El paso del
entertainment al uso político de la televisión en la expansión de la
americanización de la comunicación política ha sido tratado a menudo en este blog, por lo que no incidiremos demasiado en el tema. La entrada ya se extiende demasiado y aún no hemos hecho referencia a la evidente pretensión que tienen todos los gobiernos y grandes corporaciones del mundo por hacerse con cadenas de televisión. Son muchos los
Hearst que Welles retrato en su
Ciudadano. La importancia de la televisión como instrumento de transmisión de información es entendida como una prioridad para todos los políticos. Sobre todo el control de los informativos de las cadenas públicas. Tradicionalmente los más respetados y considerados por la audiencia.
El nuevo medio en alza, sin embargo, no cuenta con la legitimad de la que goza la televisión. Internet no pasa de ser un compendio de informaciones que circulan de aquí para allá pero que carece del empuje necesario para su uso en positivo. Es decir, auténticamente informativo. El medio queda deslegitimado por la fuente, a menudo desconocida. Sin embargo, en lo negativo ha triunfado. En las últimas elecciones estadounidenses Internet se convirtió en el mayor mentidero político del mundo. Se volcaba todo tipo de rumores (algunos ciertos, dicho sea de paso) y difamaciones. Siempre en negativo.

Debido al desprestigio del medio “
online”, lleno de porno, piratas informáticos, casinos… poco o nada se cree de las bondades que algunos cuentan en, por ejemplo, sus blog. Pero si la cosa es en negativo, lo creemos a pie juntillas. Porque si importante es el medio también lo es lo jugoso
del rumor, o ya nos hemos olvidado
del divorcio de Aznar y su arrejuntamiento con Cayetana Guilén Cuervo.
Para terminar este breve recorrido por los medios y su capacidad de difusión, recomendar un documental. En realidad el precedente más inmediato de la “
independencia de Flandes” no es Welles. Se trata de un documental realizado por dos
profesores estadounidenses que se preguntan qué hubiese pasado si el Sur hubiese ganado la
Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Bajo el título “
C.S.A”, se encuentra un magnífico documento de simulación y proyección de una historia paralela a la real en la que no falta detalle. Desplegando grandes dosis de ingenio y sentido del humor.
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