Nadie se acuerda ya, pero en 1928 tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes del
siglo XX, el
nacimiento del televisor. En realidad, dista mucho de lo que hoy conocemos, pero sus primeros pasos con una pantalla de la que lo mejor que se le podía decir es que era de blanco y negro, unas rayas constantes, poca potencia de la señal, problemas de recepción (no hablamos de
La Sexta que nació en 2006 sino de la tele como electrodoméstico, leer más arriba donde pone 1928), eran prometedores. Con los años se fue perfeccionando la técnica y se iniciaron las emisiones regulares en algunos países. En uno de estos centraremos la entrada de hoy por lo simbólico del acontecimiento (anécdota).

En el año 1936, en plena edad del pavo del aparato, nació la
BBC, ilustre medio de gran consideración social y profesional. Pero lo cierto es que nació con poca fortuna, nada más arrancar la programación regular que sólo le llegaba a 23.000 ilustres hogares londinenses, empezó la
Segunda Guerra Mundial y curiosamente, y contra todo pronóstico que pudiera realizarse desde nuestra perspectiva actual, se suspendieron las emisiones. Muchas son las causas que pueden alegarse a la decisión: economizar recursos, concentrar a los científicos que desarrollaban el proyecto en otros más provechosos como el
RADAR, frivolidad del medio… Todos o ninguno, pero la tele se apagó.
Para justificar esta falta de sensatez de los británicos de suspender la televisión en medio de una guerra, con lo que nos gusta a todos esas imágenes verdes con los fogonazos iluminando la trayectoria de los proyectiles, debemos entender que, en ese momento, la televisión se había planteado únicamente como un medio de entretenimiento, como una especie de teatrillo que entrase en los hogares de los ciudadanos para aliviar sus pesares y hacedles olvidar un duro día de trabajo (un duro día de trabajo de un aristócrata se entiende, que sólo tenían acceso al aparatito las personas con una cierta capacidad económica).
Los telediarios eran una cosa que ni fú ni fá. Comedias y concursos sí, gustaban y mucho. Si te querías informar leías el periódico o escuchabas la radio y si querías pasar el rato ponías la tele a ver si daban un concurso. Qué tiempos aquellos en los que la palabra dominaba a la imagen. Sin embargo, todos los regímenes se terminan, incluso el de la palabra, y poco a poco los informativos fueron entrando en la televisión hasta su explosión en la década de 1950 y 1960 en los
Estados Unidos, llegando a una dependencia absoluta del medio para existir. No dejar de ser una paradoja que en 1939 fuese una guerra la que terminó con el primer intento de una televisión y que ahora, décadas después, sean los televisores los que nos dicen cuando empiezan las guerras y cuando acaban. La no presencia de un conflicto armado en el tubo catódico, plasma o variante, es suficiente para que no exista. Así de sencillo.
Si se preguntan qué sucedió con la BBC, esto fue. Años después del primer amago televisivo, en 1946, con la guerra terminada, la BBC reanudó sus emisiones con la misma presentadora con la que se despidió, que imitando a nuestro
célebre escritor en versión
Pub de
Londres, dijo: “¿Me recuerdan?” y dio paso al corto de animación de
Mickey Mouse que se estaba emitiendo y que no pudo terminar debido al inicio de la guerra y la suspensión de la señal. El resto, ya lo imaginan.